¡Feliz Día del Maestro!

Este día debemos felicitar a todos los maestros, especialmente a aquellos que han hecho la diferencia en nuestras vidas. Ser maestro es destino, pero también camino. Ser maestro es reto, pero también encuentro. Es una tarea loable que consume mucha energía de los que deciden realmente involucrarse, pero que también produce muchas satisfacciones y frutos. Los verdaderos maestros saben que la calidad de la convivencia en la sociedad también depende de ellos.

En estos años difíciles, el llevar a la práctica la vocación de ser maestro resulta un reto gigantesco. Las escuelas públicas e institutos nacionales en general no cuentan con la infraestructura mínima necesaria para atender adecuadamente a sus alumnos y muchas de estas instituciones viven asediadas por los delincuentes. Ya ni en el santo recinto de la escuela están los jóvenes a salvo y, es más, ni los maestros.

Hace unos meses lamentaba en estas mismas páginas el asesinato de Víctor Ezequiel Flores, a las puertas del Complejo Educativo "Concha vda. de Escalón". Este fin de semana otro joven estudiante fue encontrado asesinado. Esta vez pertenecía a la comunidad estudiantil del INFRAMEN. Con apenas 18 años Erick Jonathan Hernández encontró la muerte en Cuscatancingo, aparentemente a manos de pandilleros de la mara Salvatrucha.

Ha sido uno más de los miles que mueren en El Salvador por año. Fue uno de los once o doce que familias salvadoreñas deben velar diariamente. ¿Pero quién era Erick Jonathan? ¿Cuáles eran sus sueños? Apenas hemos logrado conocer su rostro por la foto que su apesarada madre llevaba en los dos días de búsqueda. Nuevamente la policía insinúa que la causa de su muerte, como la de tantos, se debe a rivalidades entre pandillas, como si eso la justificara. Todos tenemos derecho a que se nos defienda y se nos proteja. La policía, junto al sistema educativo y judicial, debería estar concentrada en que acabe la epidemia.

El país parece celebrar a sus maestros con muertes y más muertes. ¿Hasta cuándo tendremos estómago para seguir soportando esta barbarie? Nuestros estudiantes son asesinados continuamente. Y digo nuestros, porque ellos son de todo el país. De cómo los eduquemos y de cómo los protejamos dependerá en buena medida nuestro futuro como nación y también nuestro presente. Ya muchos de estos jóvenes ni asisten a la escuela por temor.

Un sondeo reciente de La Prensa Gráfica revela que de media docena de institutos nacionales más de 350 estudiantes se han retirado en estos cinco meses del sistema educativo nacional. Aunque el MINED insista en haber disminuido la deserción como sistema y atribuya el dato encontrado a migración, lo constatable dice otra cosa. Luego del asesinato de Ezequiel en la colonia Escalón, casi un centenar de estudiantes dejaron de asistir al complejo educativo, pero no todos lograron encontrar una nueva escuela que los quisiera recibir. Algunos padres de familia incluso decidieron que no valía la pena arriesgar la vida de sus hijos. No es posible que estemos obligando a nuestra población a que decida entre la vida o la educación, porque sin educación tampoco hay vida.

Nada más propicio que aprovechar este día para invitar a los maestros a que se unan a demandar mejores y más creativos esquemas de seguridad, que se unan a demandar de las autoridades los recursos necesarios para contar con ambientes de aprendizaje y recreación adecuados, que se unan para aprovechar inteligentemente la ventana de inicio de la adolescencia de los estudiantes de forma que podamos colaborar a reconstruir su esperanza y su entusiasmo por la vida.

¡Felicidades, queridos maestros! Muchos recordamos con cariño a aquellos que nos dieron todo lo que tenían, no sólo de conocimiento y sabiduría, sino que de cariño y acompañamiento. ¡Felicidades, queridos maestros! No son justas las condiciones en que ahora deben trabajar, como tampoco la pérdida de prestigio social de su profesión. ¡Ojalá estas palabras sirvan para rescatar lo sagrado de su misión!

*Columnista de El Diario de Hoy.