Ven a los productores como una "caja chica"

Gravar con más impuestos a un sector casi de inmediato afecta el bienestar, los precios y el empleo de toda la población. Nadie está aislado; los nuevos costos se pasan a los consumidores

Como nunca los líderes de la izquierda administraron un negocio de importancia o fueron parte de las cadenas de producción, los patrimonios de las empresas e inclusive de las instituciones estatales los consideran una especie de "caja chica", un bolsón donde se mete mano cada vez que falta dinero. Así sucede con los fondos de pensiones, con las reservas del Seguro Social, con la geotermia, con los encajes bancarios e inclusive con los préstamos externos.

En los lejanos tiempos del expresidente Osorio hubo funcionarios que creían que los "activos" de las empresas eran el dinero al contado, billete sobre billete", que guardaban en los bancos.

Pero toda empresa, indistintamente de los beneficios que tenga, tiene exactos usos para cada centavo que maneja, desde el pago de salarios, mantenimiento de sus instalaciones, reservas para malos tiempos como los de ahora, compra de tecnología, inversiones, mercadeo y pago de financiamientos, como para que sin pensarlo mucho le suban nuevos impuestos, al mismo tiempo que el gobierno incrementa la burocracia sin necesidad ni menos explicación.

Las grandes empresas, grandes en El Salvador, medianas en la región y microscópicas en la economía mundial, no son un feudo separado del resto del quehacer y el trabajo del país, sino eslabones muy importantes en la producción de bienes y prestación de servicios.

No hay una sola empresa en el país que fabrique todos los muebles, venda todos los ar- tículos y electrodomésticos, elabore toda la vestimenta, procese todos los alimentos o manufacture todos los zapatos, aunque participen en cuotas importantes de la oferta. Pero sin esas empresas la cadena productiva se debilitaría sin remedio, haciéndonos caer en situaciones como la de Haití, un país hundido en la calamidad y el desastre precisamente porque su economía está atomizada en pequeños y micronegocios, siembras, servicios.

Los nuevos impuestos los pagan todos

Piénsese en cualquier bien de uso o consumo, digamos una bolsa de azúcar que compramos en la tienda. Para que llegue a nuestra mesa, una enorme cantidad de personas, técnicos, actividades, fabricantes, servicios, etcétera, tienen que coordinarse y trabajar en armonía, lo que se logra gracias a las señales que dan los precios. Unos fabrican el plástico de la bolsa, otros lo imprimen, agricultores siembran la caña, los transportistas la llevan a los ingenios, empresas de servicio dan los mantenimientos, los bancos financian, a cada paso hay mercadeo… las grandes empresas son como los pilares de una febril e inmensa actividad donde todos se necesitan unos a otros.

Por lo mismo, no es de "miren, saquémosle más dinero a los ricos para que lo que tan mal marcha, se refresque con más presupuesto". O dicho de otra manera, que quienes no deslumbran por sus ejecutorias se gasten los recursos que generan los sectores más eficientes y esforzados. Se gasten en estrategias secretas, planes no expuestos al público, personal no conocido, extraños acosos, desarmar a los honrados…

Gravar con más impuestos a un sector casi de inmediato afecta el bienestar, los precios y el empleo de toda la población. Nadie está aislado; los nuevos costos se pasan a los consumidores, se trate de que los que compran lo fabricado como de los que tienen empleo en las empresas. Y cuando las empresas sufren costos adicionales, como son los impuestos, se vuelven menos competitivas. Piensen mejor el plan…