Viejas fotos del ERP

Me puse a mirar las fotos de los combatientes del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) que alguien, no se quién, puso en Facebook. La mayoría de fotos, durante lo grueso de la guerra, entre 1981 y 1989, están en blanco y negro y fueron tomadas por el Seco Gustavo, Paolo Lüers, Hernán Vera, El Púas, Guillermo Escalón y Carlos Latino. Ellos, entre otros, formaron parte del equipo de cine y fotografía del sistema "Radio Venceremos".

Ese equipo filmó centenares de horas de la guerra con la muerte silbándoles en la nuca. Bajo bombardeos y ametrallamientos aéreos, alucinante fuego de artillería o en medio de atronadoras balaceras. Filmaron, adrenalina quemando cara y cámara, las batallas de Perquín, La cuesta de San Pedro en Chapeltique, Ciudad Barrios, Anamorós y Berlín, sólo por mencionar algunas.

Encontré rostros que tenía añares de no ver. En esas fotos ellos, los antiguos compañeros, nada qué ver con sedas, prados y curules; parecen detenidos en el tiempo. Tiempo de sangre, fuego y pasión. Algunos como la entrañable Jeannette Samour Hasbún (Filomena), Minchito, casi niño; Armides, Payín y Jehová Márquez (Cirilo) están muertos. Allí está Maravilla, como personaje del realismo mágico garciamarquiano; María Alvarez (Marianita), internacionalista mexicana que me adoptó como a un hermano de sangre todos esos años; Luisa, María, Mariana, Ana Guadalupe. Allí están los combatientes de la legendaria Brigada Rafael Arce Zablah.

Me encontré a Martina, sobre quien escribí hace tiempo, un relato preguntando que dónde estaba; al comandante Pantera Licho, quien me ha escrito un par de veces desde los Estados Unidos, a donde se fue para ganarse la vida. Licho, fiero guerrero contra "la oligarquía y el imperalismo yanqui" se fue para Estados Unidos, qué cosas. Y fui pasando de una fotografía a otra, mirando con los ojos del alma y el corazón, a los campesinos de Morazán, con sus fusiles y arreos de guerra, con sus rostros angulosos y gesto fiero como mirando a través de la lente de la cámara hacia un futuro que quizá nunca llegará.

Y recordé aquellas noches de caminatas interminables bajo la lluvia pertinaz y el enemigo obsesivo buscando el puesto de mando y la Radio. Búsqueda… y aniquilamiento. Palabrita esta última que en las riveras del río Sapo con la Brigada Atlacatl en el filo del cerro de enfrente, le aceleraba el corazón al más pintado. Aquellas madrugadas en las que apenas al aparecer el primer rayo de sol, comenzaba a oírse el helicopterío que en formación de guerra, venían, así lo veíamos, a desembarcar la muerte misma con guadaña y fusil en ráfaga.

No había salarios, ni vacaciones, ni siquiera felicitaciones. Los héroes, como decía un poeta, no alardean que mueren por la revolución o la patria. Sólo mueren. Viendo esas fotos en blanco y negro, de esos antiguos compañeros, que salvo Jonás, no están en el gobierno, ni en la Asamblea y ni siquiera en algún trabajito por allí según he sabido, me pregunto: ¿Qué fuerza misteriosa te mantenía, tras varias horas y horas, caminando cerro arriba cargando el mundo, sin comer y sin beber agua para cumplir una misión? ¿Qué te hizo enfrentar de cerca a la muerte, agarrarla por el cuello y mandarla mucho al carajo? ¿Qué te hizo irte de la casa y dejar a la familia? No me lo pregunto a mí, sino a esos antiguos compañeros, que no recibieron entrenamiento militar ni querían ser guerreros. Soñamos, claro, con un mundo mejor. Cada mañana cantábamos que "La tierra será el paraíso bello de la humanidad" ¿te acordás?

El paraíso se extravió. Ya lo había adelantado el poeta ruso, ante la tragedia del comunismo soviético cuando escribió "La barca del amor se estrelló contra la vida cotidiana". Después se descerrajó el corazón de un balazo. Porque el paraíso que los ojos de esos compañeros miraban por la cerradura de la lente de la cámara no era el de los ancianos y tercos dictadores, ni el del militarote bolivariano o del millonario sandinista y su mujer, una patética caricatura de los Somoza y menos el de los que azuzan en plaza pública en la tarde y por las noches, toman cinta azul y fuman puros para matar el tedio de ser burócrata.

Fotos del histórico ERP, la primera guerrilla en formarse. La primera en disolverse. Cuánta historia no contada en cada una de esas miradas.

*Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleas@cinco.com.sv