Crónicas de guerra

Marvin Galeas* Miércoles, 24 de Noviembre de 2010

De tanto en tanto estudiantes de secundaria o de nivel universitario me han solicitado entrevistas para que les hable de la guerra en general o de Radio Venceremos en particular, con el propósito de que mis relatos les sirvan para monografías, ensayos, investigaciones y hasta tesis de graduación. Casi nunca me niego. No olvido que mis hijas también andan por allí solicitando entrevistas a otras personas, para completar sus trabajos académicos.

Pero últimamente la solicitud de entrevistas se ha incrementado notablemente. No pasa una semana sin que me pidan dos y hasta tres entrevistas sobre la guerra y Radio Venceremos, que al final es el mismo tema. En los años noventa los estudiantes que me entrevistaban habían vivido parte del conflicto. Estaban pequeños, pero recordaban los bombardeos aéreos, las balaceras, los apagones y sobre todo la ofensiva de 1989. Yo, por mi parte, todavía olía a monte y a chamusquina.

Pero el tiempo ha ido pasando. La mayoría de estudiantes con los que he conversado en estos últimos años eran unos bebés cuando fue la última ofensiva o cuando se firmó la paz. Muchos de ellos ni siquiera habían nacido. Los que vinieron en la década de los noventa traían grabaciones de la radio en las que aparecía mi voz. Algunos me preguntaban por parientes que nunca regresaron o me contaban sus vivencias como civiles en medio del conflicto.

Los que vienen ahora me ven como un personaje de libros como "Las mil y una historias de Radio Venceremos", "Crónicas de guerra" y otros. Ponen cara de asombro y hasta de incredulidad cuando les cuento de las grandes batallas que se libraron en Morazán, Chalatenango, Usulután o Guazapa, en las que participaban aviones con bombas de quinientas libras, helicópteros artillados, batallones de reacción inmediata, fuerzas especiales guerrilleras, que como fantasmas se metían en los cuarteles para destruirlos por dentro.

Les parece que estoy hablando de cosas terribles, que ocurrieron en otro país o en otra dimensión. Pero quieren saber más. Noto que todos sin excepción cuando terminan de hacer las preguntas que traen apuntadas, apagan las grabadoras, cierran la libreta, pero siguen preguntado, ya no sólo qué fue lo que pasó y cómo pasó, sino por qué pasó. Sus rostros van pasando de la curiosidad al asombro y nuevamente a la incredulidad y otra vez al asombro.

Y mientras les cuento vienen de manera inevitable los recuerdos de gente de carne y hueso que conocí, muchachos y muchachas entre los 16 y 25 años, la mayoría idealistas que soñaron con un mundo mejor. Jóvenes como los que me entrevistan, pero que lejos de las aulas o de la calidez de un hogar o de esta oficina, murieron a balazos o despedazados por las esquirlas de bombas de avión o proyectiles y granadas de artillería.

Y en la medida en que nos adentramos en las historias y las anécdotas los muchachos quieren saber más y más. Y es que si bien es cierto hay bastante literatura y audiovisuales sobre la guerra, un episodio capital en nuestra historia, también es verdad que hay mucho de manipulación, propaganda y tergiversación. Algunas mentiras van quedando como verdades absolutas, y algunas verdades han sido silenciadas. Enterradas. Eso no es bueno de cara al futuro.

Se ha escrito tanto y aún falta tanto por escribir, investigar y sacar a la luz. Estos muchachos y los hijos de sus hijos tienen derecho a saber la verdad. La verdad para no repetir la historia. En ese sentido hace dos años publiqué "Crónicas de guerra", un modesto esfuerzo por relatar ciertos acontecimientos tal como los viví. Pese que se trataba de una edición bastante cara, me sorprendió la respuesta de los lectores. La edición se agotó en poco tiempo en las instalaciones de la editorial.

Me siguen preguntando por medio del correo electrónico cómo hacer para conseguir un ejemplar. Lo mismo me preguntan los jóvenes que han venido a entrevistarme. Comuniqué a la editorial el renovado interés que hay por el libro, pero al mismo tiempo les hice ver que no estaba de acuerdo con el elevado precio. Sugerí una edición popular. Me dijeron que harían una impresión pequeña de la primera edición y que la venderían a un precio muy especial, mientras preparan una edición popular. La nueva impresión de la primera edición está lista y está a la venta sólo en la editorial, cuyo teléfono es el 22099500.

Mientras tanto insto a académicos, historiadores y protagonistas a continuar escribiendo sobre el tema, que más que ser importante de cara al pasado lo es de cara al futuro.

*Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleas@cinco.com.sv

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