La educación que impulsa el desarrollo científico y tecnológico

En la era de la globalización, cualquier país que busque aumentar su crecimiento económico y promover el desarrollo, se ve en la obligación de contar con personas que pongan sus destrezas y su capacidad para utilizar o producir conocimiento al servicio de la sociedad.

En un contexto en donde las economías están basadas en el uso de las ideas para producir riqueza, los países que han crecido más rápido no son los que cuentan con una fuerza laboral con más años de estudio, sino con personas que tengan las destrezas para avanzar o aprovechar el progreso científico y tecnológico y la capacidad para crear nuevos productos y servicios.

Para lograr crecer y desarrollarse, los países deben invertir recursos en la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación; pero, sobre todo, en la formación de recurso humano calificado.

Dos pasos adelante en esta dirección se han concretado con la creación del Vice Ministerio de Ciencia y Tecnología, que forma parte del Ministerio de Educación (MINED), y el lanzamiento del Plan Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico, al cual he decidido llamar: Plan DCT. Este plan está vinculado con la Agenda Nacional de Investigación y el Plan Quinquenal de Desarrollo 2010-2014 (PQD), y, por ende, su objetivo es ser otro elemento más en la cadena de factores que procuran el desarrollo económico y social.

Dentro del Plan DCT se considera vital formar una masa crítica de científicos, tecnólogos y técnicos que generen el cambio considerado estratégico para el país, así como también introducir las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) en las escuelas. También se propone apoyar la formación continua de la población en ciencia y tecnología, fomentar la cultura del emprendedurismo en todos los niveles educativos y fortalecer la vinculación entre las universidades y el sector empresarial.

Todo esto es muy acertado, pero el Plan DCT no hace ninguna referencia sobre cómo la política educativa vigente, definida en el PQD y el Plan Social Educativo (PSE): "Vamos a la Escuela", contribuirá en lo más fundamental para volverlo sostenible en el tiempo: elevar la calidad de la educación. Generar la posibilidad de tener salvadoreños lo suficientemente competentes para impulsar el desarrollo científico y tecnológico así como la investigación, tiene mucho que ver con la trayectoria de su formación desde que inician la escuela. Aunque aumentar la equidad en el acceso a la educación, especialmente en los niveles de parvularia y secundaria, es una tarea pendiente, el reto principal es elevar la calidad de la enseñanza y los aprendizajes.

Sin embargo, tanto en el PQD como el PSE se advierte una desarticulación entre el desafío de lograr calidad educativa y los programas, los cuales se concentran en atender los problemas de cobertura e inequidad en el acceso. Además, aún cuando la política educativa vigente incluye dentro de sus líneas estratégicas el fortalecimiento de la ciencia y la tecnología, este tipo de programas no se encuentran en el listado de los que son considerados prioritarios. Tampoco existe a la mano el financiamiento para echarlos a andar, sino la aspiración de llegar a invertir, al menos, el 0.1% del Producto Interno Bruto en su ejecución.

El Salvador corre el riesgo de quedarse al margen de la economía internacional si no ve a la educación como una apuesta estratégica para poder crecer económicamente y elevar la calidad de vida de sus habitantes. Alcanzar este objetivo exige comprender que además de cantidad se necesita invertir en lograr calidad en la formación de nuestro recurso humano.

Yo pienso que valdría la pena ajustar las prioridades de la política educativa y afinar su rumbo. ¿Estaría usted --amigo lector -- de acuerdo conmigo en esto?

*Columnista de El Diario de Hoy.