La fórmula de la gasolina y otras supersticiones

Año 1997. En una oficina de Buenos Aires yo formaba parte del equipo que una petrolera había integrado para estudiar los mercados de combustibles en los países de Centroamérica. El objetivo era detectar oportunidades de inversión.

Hasta ese momento mi único contacto con El Salvador había sido transitar por la calle que lleva su nombre, en Palermo, barrio porteño donde por entonces vivía. Está cerca de Guatemala, de Honduras, de Nicaragua y de Costa Rica. Centroamérica entera corre paralela en el barrio donde las musas inspiraban a Borges. Nada mal.

Los miembros de aquel equipo sabíamos cuántas gasolineras había en El Salvador, de qué marcas, cuántos galones se vendían mensualmente, con qué impuestos, qué niveles de precios regían en bomba, y con qué frecuencia variaban. Un buen estudio de mercado nos había brindado esos datos.

Los márgenes de la cadena de comercialización nos llamaron la atención. Para cualquiera que conozca la industria es fácil estimarlos contando con los datos mencionados. Y aplicando el método correcto.

Era hora de volar, por primera vez, a El Salvador. El resto es conocido. Y tuvo su época de éxito.

Año 2010. El Salvador representa hoy para mí mucho más que una calle de Palermo. Otras cosas no han cambiado. Como los problemas del Ministerio de Economía (MINEC) para estimar márgenes. Sus técnicos son capaces. Pero les hacen aplicar el método incorrecto.

Hacen las cuentas "de abajo para arriba" (en la jerga, "costo-plus"), como si El Salvador tuviese un esquema de precios controlados. Y no llegan a nada porque el esquema vigente es de precios libres, donde el análisis debe hacerse "de arriba para abajo" (en la jerga, "net-back value").

¿Cómo se aplica el "net-back value"? Restándole impuestos y flete terrestre al precio final de venta, para luego descontarle el costo CIF (costo, seguro y flete marítimo). Mis amigos salvadoreños, muy gráficos, lo tradujeron como "chulonear".

Se comienza restándole al precio de venta 30 centavos por galón (20 de FOVIAL y 10 de COTRANS), para luego dividir el resultado por 1.13, a fin de quitarle el IVA. Finalmente se descuenta el flete terrestre. Acajutla-San Salvador ronda los 3 centavos por galón.

En el caso de las gasolinas hay que restarles otros 15.9 centavos por galón, correspondientes al mal llamado impuesto de guerra, cuyo verdadero nombre es bastante menos épico: FEFE.

Finalmente hay que descontar el costo CIF. No hace falta ser Sherlock Holmes: alcanza con suscribirse al Platt´s, que publica diariamente las cotizaciones de diesel y gasolinas en refinerías de todo el mundo.

El resultado de esta "chuloneada" brinda una idea precisa de los márgenes de la cadena de comercialización. Es lo que habíamos hecho antes de aterrizar en Comalapa.

¿Mayo de 2010? El MINEC publica una (nueva) fórmula de "precios de referencia". Desarrollada con el método incorrecto.

Si las autoridades consideran que el actual esquema de precios libres no funciona, deberían decretar un control de precios. Sería perjudicial para el consumidor. Eso sí, la fórmula "costo-plus" funcionaría como un relojito.

Por el contrario, si van a mantener el esquema de precios libres, es incomprensible que se pongan la soga al cuello dictando "precios de referencia" que no podrán hacer cumplir.

Las petroleras nunca lo dirán, pero los controles de precios suelen resultarles convenientes: en vez de desgastar márgenes peleando precios en la calle, los recibirían en bandeja en salones perfumados. Desayunando con funcionarios. A quienes se desayunarían con fórmulas complicadas. Es tan fácil.

Como la gira de los Beatles, esta fórmula además de mágica es misteriosa: la tuvieron cajoneada durante meses hasta que Alex Segovia les tuvo que ordenar que la sometieran a consulta.

¿Conclusión? Los controles de precios son una mala idea: terminan con consumidores chuloneados (en los desayunos perfumados). Y la decisión del MINEC de atar su suerte a la superstición de una fórmula "costo-plus", incompatible con el esquema de precios libres, lo condenaría a quedar chulón ante la sociedad. Inexorablemente.

Hasta la próxima.

*Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy. alejandro_alle@yahoo.com

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