Con medidas lógicas perdió quinientas libras

Hay formas de "des-elefantizarse": una de ellas, muy importante, es no comer chatarra; la otra es desterrar de la casa postres y lo que contenga harina y carbohidratos

Una mujer que pesaba 750 libras y logró bajar un cuarto de tonelada sin intervención médica fue presentada en el programa "Good Morning America" para inspirar a otros en similares trances. Lo principal de su autotratamiento, como era de esperarse, fue comer menos y, además, comer sano. Y comer sano es lo que no se enseña en escuelas y colegios, aunque a los niños los entrenen en la "cultura de la paz".

No vamos a comentar adónde hemos llegado con los cursos de cultura de la paz que se imparten en el sistema educativo salvadoreño. La cultura de la paz recuerda a muchos la frase que Kant vio en una lápida de un cementerio de Koenigsberg y que usó como título de una de sus obras: "A la paz perpetua", que es la paz absoluta, la paz de los sepulcros.

Obviamente y hasta la fecha, todos los seres humanos van camino de la paz perpetua, pero ese camino es mucho más corto cuando se lleva encima un cuarto de tonelada. O treinta libras de exceso, o cincuenta. Lo que la gente no comprende es que los pobres marines que combaten contra el fundamentalismo musulmán en el Medio Oriente cargan todo el día una mochila y uniformes que llegan a pesar cuarenta libras, igual o menos de lo que muchos comilones en nuestro medio tienen en su cintura, su trasero y sus canillas.

En el programa la presentadora exhibió la falda que solía ponerse su invitada, de una circunferencia de cien pulgadas, lo que son dos metros y medio.

La ex obesa contó que al separarse de su esposo --el pobre hombre puso pies en polvorosa al ver lo que el futuro le deparaba-- enterró sus penas bajo quintales y quintales y más quintales de comida, como los que ahogan sus sufrimientos en alcohol. Pero en algún momento tuvo su Epifanía, se dio cuenta de la situación en la que había caído, descubrió que la vida tiene otras recompensas en adición a las brindadas por la mesa y echó marcha atrás.

Gordos, groseros, asaltantes y asesinos

Hay formas de "des-elefantizarse": una de ellas, muy importante, es no comer chatarra; la otra es desterrar de la casa postres y lo que contenga harina y carbohidratos; una tercera es no comer mientras se mira televisión o se escucha música. La otra es poner en más vigoroso movimiento el esqueleto. Suprimir un tiempo de comida, digamos el almuerzo, contribuye. Lo importante es apaciguar las mandíbulas.

Una señora que es toda gracia nos ha dicho que su problema es que "le encanta comer". Eso, sin embargo, es problema de casi todos, fuera de las pobres muchachas que igualan belleza con huesos visibles.

Si comer es el primordial instinto, lo que mueve desde bacterias hasta astronautas, lo sensato es hacerlo en forma organizada, lo que por cierto no está al alcance de individuos con poca capacidad para pensar. Hay que comer, pero saber comer.

Hace años, antes de que el ex presidente Rivera se metiera a educador, a los niños les enseñaban moral, civismo, urbanidad e higiene y, dentro de la "higiene", lo que se debe hacer para estar sano. Cuarenta años más tarde estamos pagando duro las consecuencias de haber suprimido esas enseñanzas. Gordos por todos lados, groseros y además incontrolable violencia causada por los amorales.