Enseñanza, aprendizaje y nuevas tecnologías

Ricardo Chacón* Sábado, 3 de Abril de 2010

Una de las claras deficiencias en el proceso educativo en El Salvador, y en general en la mayoría de países pobres y sin visión de futuro consensuado, es la poca o nula reflexión sobre el presente y el futuro de la educación. Esto no es nuevo, como tampoco lo es que en gran parte esa carencia se debe a la excesiva politización que existe en la sociedad, fruto de visiones estrechas de nuestra clase política.

Gran parte de la reflexión sobre los problemas de la educación pasa por entender a cabalidad la importancia de los avances propios de la tecnología y cómo utilizar ésta debidamente, así de sencillo.

Y es que la tecnología, entendida en su más amplio sentido, caracterizada por hacer más fácil la vida del hombre, está cada vez más cerca de los procesos sociales y en cuanto tal, no sólo es reflejo de la sociedad actual sino que también contribuye, decididamente, en el proceso educativo, así como en los desarrollos productivos.

La incidencia de la tecnología en la vida social es contundente, esto es claro, como también lo es que hay áreas de la vida social que son mucho más sensibles a su impacto y que modifican de fondo los procesos, como es el caso de la educación.

Uno de los académicos iberoamericanos más experimentados en las nuevas tecnologías, José Luis Orihuela, plantea dos cuestiones: una, el futuro en las universidades pasa por profesores mejor preparados, mayor relación de la universidad con las empresas, mejores infraestructuras y menos polítización; la otra, el papel de las universidades no es seguir los cambios, sino es estar en el origen mismo de los cambios, ser focos de innovación.

Orihuela, a quien tendremos en El Salvador la próxima semana para exponer sobre el impacto de las nuevas tecnologías en los medios de comunicación, sostiene que se requiere de una nueva alfabetización digital que comienza por la capacidad para leer y escribir mediante enlaces de hipertextos, es decir con ese conjunto estructurado de textos, gráficos y otros elementos unidos entre si por enlaces y conexiones lógicas. Hay que aprender jugando-simulando en la red y desarrollar capacidades para negociar, para la multitarea y para aprender.

Muchas más ideas plantea Orihuela, sin embargo quiero recalcar sobre cuestiones que tienen que ver con nuestro entorno educativo: el gran desafío no es simplemente tecnológico, mucho menos de la adquisición indiscriminada de las nuevas tecnologías, la cuestión es metodológica, de tal forma que nos permita gestionar el conocimiento para resolver los grandes problemas del país.

El masificar el uso de la computadora en las aulas, incluso en los hogares salvadoreños, introducir el libro computarizado o e-book, pizarra electrónica, los iPod, es importante, pero no fundamental. Utilizar al máximo estas herramientas para que los jóvenes generen conocimiento, es la clave, y esto pasa por introducir nuevas metodologías en el proceso enseñanza- aprendizaje, pero sobre todo, por modificar, cambiar, transformar el cerebro de unos y otros para entrar en la dinámica del conocimiento digital.

Volver a la lectura, ahora digital, debe hacerse en la escuela básica, donde hay que pensar en resolver problemas más que en repetir fórmulas de memoria. Esto nace de una práctica distinta en la relación entre profesores y alumnos.

Dicho de otra manera, las nuevas tecnologías y cada herramienta tecnológica, como lo dice Orihuela, si es bien utilizada, como parte de una estrategia educativa orientada a formar a las nuevas generaciones, va modificando nuestra cultura. En pocas palabras, mientras sigamos teniendo una mentalidad municipal, es decir que no va más allá del municipio, que nos impide ver más allá de nuestras narices politiqueras, poco o nada podremos aprovechar de las nuevas tecnologías, que están modificando al mundo de hoy.

Editor Jefe de El Diario de Hoy.

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