ADOC parece haber estado siempre con nosotros, la gran empresa que "viste y resiste". Ha sido en gran medida por ADOC que el gran paso civilizador, calzarse, se dio en El Salvador y en Centro-América. Muchas personas de toda condición pudieron calzarse y en el proceso proteger sus pies y cuidar cuerpo y salud, porque en muy poco tiempo los salvadoreños pudieron comprar buenos zapatos, cómodos y bonitos zapatos, duraderos zapatos.
Una persona muy querida nos cuenta que cuando de cinco años ganó el premio por aplicación en su escuela, fue a recibirlo descalza. Ahora en su cantón de origen prácticamente todos los niños tienen zapatos.
Roberto Palomo hizo la diferencia. Su ADOC es una gran empresa, un muy valioso centro de capacitación humana, sostén de varios miles de familias y, lo más importante, calza a un gran segmento de los salvadoreños. ADOC es la cristalización de un inspirador programa de vida. Las decisivas realizaciones inician como pensamiento pero también como sentimiento y espíritu, que en Roberto se asentaron en su clara inteligencia, su espíritu de observación, su capacidad asombrosa de trabajo y su disposición para hablar con el que le buscara. Fue un hombre de bien integralmente hablando y le deja un gran legado a su país, a su familia y a todos los que le conocimos.
Son muy pocas las fábricas que se compran "llave en mano", listas y produciendo, con clientelas y patrocinios. De cada diez empresas que nacen, apenas una sobrevive, incluyendo las "llave en mano". Sobreviven porque alguien las hace sobrevivir, poniendo mucha cabeza, esfuerzo permanente, corazón y "una poca de suerte". Lo logró Roberto porque supo reunir un notable equipo humano y manejar recursos y oportunidades para levantar, casi de la nada, la gran empresa centroamericana que es ADOC.
Se hace Patria generando empleo y riqueza
Roberto tenía la visión del panorama pero asimismo la mirada que escudriña y va tras el menor detalle: siempre recorría sus fábricas, hablaba con sus operarios, examinaba embarques, se ocupaba de la calidad de los productos que utilizaba ADOC. Con frecuencia decía a un amigo "muéstrame tu zapato", el que revisaba con cuidado y conocimiento pues sabía que siempre es más lo que nos queda por aprender que lo que ya sabemos. Enseñó a todos los que tuvimos el privilegio de ser sus amigos, que nunca hay que descansar sobre previos laureles sino que cada meta que alcanzamos es el punto de partida para llegar a otras. Y ese mismo entusiasmo y amor lo volcó en numerosas causas cívicas, además de interesarse profundamente sobre El Salvador, su promesa e igualmente las terribles amenazas que sufre, por lo que contribuyó, en lo que pudo, a enderezar senderos torcidos.
Se hace Patria realizando cosas buenas que nunca nadie hizo antes, generando riqueza, creando empleos, llenando necesidades y con particular mérito, satisfaciendo exigencias primarias como es estar calzado y no sufrir las asperezas de suelos ingratos.
En esta tierra Roberto cuidó los pies de sus compratriotas, como ahora, imaginamos, calza los pies de los ángeles…