Carlos Mayora Re*
Viernes, 6 de Noviembre de 2009
"Yo me siento bien porque el me enseña mucho de matematica y tambien me ayuda a estudiar me abla de los valores y el jueves pasado me enseño a jugar ajedres y tambien me enseña a comprender a las demas personas y le doy muchas grasias por que por el e mejorado mis notas y ami lo que a mi mas me gusta que me able es del universo o que hay en los planetas o quien es el que descubria cosas antiguas y le agradesco mucho a ese programa porque me ayuda a diferenciar las cosas".

Así le escribe de manera textual, Marvin a Norberto (que en realidad no se llaman así). El primero ha tenido una existencia azarosa, de tumbos por la vida, sin familia estable, sin hogar constituido. De hecho, actualmente está interno en una institución académica manejada por una congregación religiosa. El segundo es un universitario de tercer año de carrera, buen estudiante y deseoso de ayudar a los demás.

Han pasado juntos, desde principios de este año, dos horas cada jueves, para ayudarse mutuamente. El testimonio de Marvin es explícito. Norberto podría contarnos cómo ha aprendido no sólo a valorar lo que tiene, sino a darse cuenta de que para dar no se necesita tener -–materialmente hablando--, pues uno siempre puede darse a sí mismo, con resultados mucho más enriquecedores que si se beneficiara materialmente a las personas.

Marvin y Norberto son parte de uno de los programas "Uno a Uno" que la fundación Actúa gestiona en El Salvador. Junto con ellos, cincuenta parejas de alumnos y tutores se reunieron semanalmente, haciendo realidad el lema de la fundación: "formando líderes con valores"; convencidos de que lo que logra mejores resultados no es sólo la educación, en general; ni los programas académicos, ni sólo el material didáctico, ni el tiempo invertido en instruir: lo que de verdad cambia a las personas es la relación solidaria que se establece personalmente. O dicho más brevemente: la amistad.

Otro: "Gracias por estar conmigo y gracias por escucharme. Si bas aser tutor otra vez tratalo como amigo porque eres un buen enseñador". Y un tercero: "e aprendido mucho de vos pero oy te lo escribo en este papel para decirte que eres el mejor amigo que etenido en los tres años de estar internado (…) y por eso te deseo lo mejor entuvida y en la carrera que estudias". Son testimonios impactantes, que sólo son valorados a profundidad por los tutores a quienes van dirigidos.

Poner en contacto a estudiantes universitarios con niños de escasas oportunidades puede parecer utópico, pero no lo es. "Uno a Uno" es un programa de ganar-ganar: todos ganan. Porque todos mejoran.

A unos porque se les abren horizontes impensados, como expresa Douglas: "hojala que usted sea muy bueno en la profecion que usted eligiera pues yo quisiera ser: arquitecto"; y ya se sabe que el primer paso para hacer cosas grandes es soñar cosas grandes. Y a otros porque se dan cuenta de la riqueza y el privilegio que tienen al poder cursar estudios superiores, darse a los demás, ocuparse y no sólo preocuparse por mejorar con hechos a quienes les rodean.

Entre el ramillete de cartas que los niños escribieron a sus tutores, como agradecimiento por el tiempo dedicado, la que más me gusta es la de Juan Carlos. Es explícita y completa, y -–me parece-- no requiere mayores comentarios: "Querido tutor como a estado siento que me a enseñado muchas cosas me enseño a escribir a esplicarme muy bien a esforsarme a ser responsable a ser estudioso a ser ordenado a ser muy respetuoso a ser tranquilo a compartir a ser feliz".

*Columnista de El Diario de Hoy. carlos@mayora.org

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