Pues para el que carece de lo elemental, la vida es un infierno, un sufrimiento constante, una tragedia. De ahí que es obligación de todo salvadoreño mejorar --en la medida de cada uno-- esa situación ingrata, aliviando el pesar diario de nuestros semejantes. No nos disculpemos con poses farisaicas de que no es culpa nuestra ese estado de cosas.
Pues directa o indirectamente, por acción u omisión, hemos sido cómplices de tal infortunio y aunque seamos de escasos recursos, siempre hay alguna forma, aunque pequeña, de ayudar.
Por supuesto sin bombo ni platillos. Sin los aspavientos de algunos que cuando dan un billete lo extienden para que todos vean que son dadivosos. O que manifiestan a gritos sus obras "altruistas" para que los admiren y ensalcen; siendo también oportuno el traer a cuenta aquel pensamiento de que has caridad de modo que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda.
Hagamos ciudadanos sanos, instruidos, alegres; quienes sientan que sus compatriotas los apoya y ayudan. Que siempre hay una obra y una palabra de alivio. Pues nosotros sabemos, y no queremos perder el tiempo en demostrarlo, porque es evidente, que las palabras de soberanía, independencia, autonomía, carecen de sentido para los desnutridos, para los desmedrados, para los miserables, para los mendigos…
Ahora con la catástrofe que estamos sufriendo han surgido ángeles benefactores, héroes insospechados, quienes haciendo gala de su gran amor hacia el prójimo, se han esforzado. Se han sacrificado al máximo para disminuir, paliar y mitigar el dolor de los innumerables pobres e indigentes, que hoy, y siempre soportan las mayores desgracias y son víctimas de incontables infortunios. Loor para ellos.
*Dr. en Dreecho y Lic. en Filosofía.