No son pocos los que quisieran que no se mencionara esto, como si de una ecuación matemática se tratara, volviendo anodina a las personalidades y haciendo pensar que lo mismo da uno que otro, lo que en el fondo abona a la masificación, a la mediocridad y a la preeminencia de la administración de las cosas sobre el gobierno de las gentes.
Del candidato de la extrema izquierda ya se ha hablado en demasía. Quitando ánimos exaltados e irrespetuosas menciones familiares y personales, a las que jamás aludiría este servidor, diré únicamente tres cosas, que me parecen ciertas y fuera de discusión por objetivas:
1. No es realmente un profesional académico. Es un presentador televisivo capaz, un hombre listo y de labia; audaz hasta parecer, por su elocuencia, el intelectual que no es.
2. Su experiencia se reduce al campo de las comunicaciones, en una de sus ramas; no ha tenido ni administrado empresas, lo que no es ningún baldón, pero que demuestra tener escasas relaciones con el mundo empresarial, laboral o de gestión de empleo y, realmente, incluso del político.
3. Su carácter es demasiado confrontativo, no sólo fuerte, sino agresivo; su vanidad lo vuelve soberbio y se convence a sí mismo de que sabe y puede, lo que ignora y no es capaz de hacer.
El candidato de ARENA ha sido objeto de una campaña sorda y sucia que desgraciadamente no han sabido bien cómo refutar sus partidarios: tratan de que se lo catalogue como demasiado suave, con un carácter dudoso y de bajo perfil, exagerando que sus dotes oratorias fueron modestas al principio --pero ¡ojo! porque es evidente la superación de las mismas, sino recordemos al Cristiani de los comienzos con el buen orador cuando ya fue presidente--, sin dejar ver que en todo caso semejante cualidad es menos importante que las calidades humanas esenciales que debe poseer un estadista, y de estas le sobran a Rodrigo Ávila. Veamos:
1. Su liderazgo real y personal, que ni siquiera la televisión transmite. En persona puede sentirse la decisión firme, la bondad de corazón, la humildad verdadera que este hombre posee.
2. Como no es soberbio ni creído, es respetuoso para todos y su estilo de ser es concertador, logra atraer variados tipos de persona, luego él, sin parecerlo y llamar la atención, escoge a los mejores sin causar revuelos y con tanta suavidad como firmeza; por eso se nota menos su liderazgo.
3. Aparte de títulos y cursos de alto nivel --que los tiene en cantidad-- posee una experiencia exitosa dirigiendo la formación más numerosa de hombres que existe en el Gobierno, además de otros puestos administrativos y políticos (un valiente diputado, entre otros), que le brindan una gama de relaciones y vivencias muy ricas. Todo ello sin contar al equipo y recursos detrás de él.
Para no escogerlo sobre el otro hay que estar: o muy ciego o resentido a morir, o ser fanático --que es lo mismo que padecer de una disminución cerebral-- o tal vez… todo ello junto.
*Lic. en Ciencias Políticas.