La nota del día
No más "horas felices" en la vieja Albión
Reducir el costo de alegrarse o emborracharse induce al exceso, con el adicional agravante de que son dos los que caen en las garras de la tentación
Martes, 2 de Diciembre de 2008
Las horas de la felicidad, coincidentes con el crepúsculo y la hora para empinar el codo a la mitad de precio, podrían prohibirse en Inglaterra. Después de muchos estudios y tardía reflexión, las autoridades concluyen que la "happy hour" (la hora feliz) cuando en "pubs" y bares (que viene a ser lo mismo) se sirven dos tragos por el precio de uno, el del macho y el de la hembra, propicia el alcoholismo.

Nadie allá, es obvio, objeta la alegría, la amistad, el convivio, la conversación chispeante, las discusiones sobre el fútbol, los sesudos análisis alrededor de las innovaciones de los nuevos automóviles.

El problema son los tragos: el gin y su derivado martini, el vodka con tónico, el "malt whisky", el "sherry". En la colada se van los Ribera del Duero y albariños españoles, los vinos rubios del Mosela, los Castelli Romani, entre ellos el Frascati, favorito de Hemingway; los fuertes tintos de la costa dálmata; los dulces tokaji de Hungría. Tampoco se salva la cerveza "stout", los "drafts", la Guinnes pese a que "is good for you".

Reducir el costo de alegrarse o emborracharse induce al exceso, con el adicional agravante de que son dos los que caen en las garras de la tentación. Dos bolitos juntos pero de distinto sexo pueden deslizarse a otra suerte de alegrías, con las consiguientes repercusiones sobre la moral general y la densidad demográfica. La propuesta debe de haber sido hecha para combatir a Baco, pensando en la austera disciplina de los tiempos de Victoria Regina, la que por cierto tuvo secretos amores con un señor oficial Brown, bastante rudo de maneras, después de que muriera su amadísimo Príncipe Alberto de Coburg y Gotha.

Con los terribles vicios de la actualidad el alcoholismo parece ser menos pernicioso, como la sífilis es casi una molestia menor si se compara con el Sida. Pero en las grandes ciudades echarse unas copas antes y después de cenar, o en vez de cenar, está creando serios problemas. Como acotó una mujer en un filme francés, "todos los papás mueren de cirrosis", aunque sucede más en las Galias que en América. Parte del problema es la soledad que agobia al poblador de las grandes urbes.

Recuerda siempre: "nada en exceso"

Entre muchos miembros de las clases "bien", el par de güisquis antes de la cena, o el martini seco con aceituna incluida, se considera una forma eficaz para distenderse. Se da el caso, empero, que uno de ellos se rompe un pie, tiene que hospitalizarse y como en los nosocomios el alcohol se usa por fuera y no por dentro, hay ley seca, los martinis "are out of the question" y al pobre le da delirium tremens. Es alcohólico sin saberlo hasta cuando bailan frente a sus ojos elefantes azules como en la película "Fantasía" de Disney. El inocente martini o güisqui en las rocas o ron con agua de coco no son tan inocentes.

Valen estas consideraciones en vísperas de la Navidad y la fiesta de San Silvestre, cuando todo se une para meternos al diablo en el cuerpo y participar con otros en la ingesta de "espíritus", como llaman los ingleses a los alcoholes cuidadosamente refinados, añejados y embotellados, propios para ser consumidos por caballeros y sus acompañantes. En estas fechas hay que recordar la máxima griega: nada en exceso.

Cuando, querido lector, vayas de fiesta, quítate primero la sed con agua fría, no con "espíritus".

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