En Honduras matones armados están forzando a familias a desalojar sus casas para ocuparlas, sin que en la práctica las víctimas puedan hacer nada; la policía no responde y un juicio para recuperar esos bienes tarda años, cuesta muchísimo dinero y nadie está seguro de cuál será la resolución de los honorables jueces. Lo mismo sucede en las ciudades al norte de San Salvador, en la cadena de "repúblicas socialistas" parcialmente tomadas por los camaradas mareros, los camaradas narcotraficantes y los camaradas del crimen organizado.
La ocupación por la fuerza de tierras, viviendas, propiedades rurales, terrenos baldíos y hasta lo construido y habitado ha sido la práctica de grupos manipulados por los comunistas desde hace décadas. Poco antes de desatarse la agresión roja contra el país, las tomas de tierras y el consecuente desorden minó la confianza de agricultores y propietarios, hasta los robos perpetrados por Duarte con su reforma agraria. En la actualidad barrios enteros han sido tomados por mareros y delincuentes sin que las autoridades municipales o sus ejércitos personales (los CAM) hagan nada, aunque se ocupen de entrar en fiestas privadas de gente honesta. Familias que pagaron primas para obtener sus viviendas y cancelaron muchas cuotas, lo pierden todo.
Los comunistas son consecuentes con sus elucubraciones: la propiedad es un robo, lo pregonan desde Marx, y si alguien tiene algo es porque lo robó a otros o al resto del cuerpo social. Cuando se edificaron los grandes centros comerciales en nuestra capital, los criticaban diciendo que "muy cerca" había champeríos, como si para hacer lo uno se condenaba a lo otro, aunque nadie en su sano juicio cree que de esos cordones de pobreza van a salir los recursos para hacer algo de importancia. Los cordones de pobreza por otra parte, son resultado de la destrucción y desquiciamiento económico causado por la guerra roja contra nuestro país, que anuló de golpe cuarenta años de desarrollo.
Lo que se tiene es obra del esfuerzo
La teoría califica como ladrones a los que han hecho un patrimonio con esfuerzo, ahorro, ideas, responsabilidad y, con frecuencia, sacrificios. Cada dólar que se gana es el resultado de un intercambio voluntario, a menos que se trate de delincuentes. Uno, de manera voluntaria, acepta un trabajo, desarrolla un negocio, comercia con otros; a menos que se asalte, se extorsione o se cobren impuestos de guerra (las extorsiones de la guerrilla en la Década de los Ochenta), lo que se gana, se gana en buena lid, sin dañar a otros y más bien mejorando su situación puesto que ellos hacen los negocios y arreglos que les convienen.
No cae maná del cielo ni nos llueven casas o lo que comemos y usamos; muchísimas personas que trabajan y se ciñen a la ley, forman sus haberes, compran casa por modesta que sea, adquieren muebles, electrodomésticos y vehículos y viven mejor, porque les cuesta sudor y perseverancia. Son los asaltantes y los que ocupan por la fuerza lo ajeno o cobran rescate, los que roban.