La nota del día
Obligan a estudiantes a leer lo que nada vale
Los docentes y las autoridades de escuelas y universidades, los responsables ministeriales, los mismos alumnos deben cuidar de lo que leen; rechácese la contracultura, lo asqueroso
Lunes, 9 de Junio de 2008
Alos pobres estudiantes de una universidad aquí en San Salvador les han exigido leer un libro cuyo título lo dice todo: "el asco". El título refleja la clase de escrito que es, el estado mental del autor, la confusión del mal llamado maestro y buena parte de lo que sucede en este suelo. Pero además de leer ese asco, tendrán los alumnos que "representar" su contenido frente a otros, como quien esparce basura por un vecindario.

Lo grave es que las lecturas que con frecuencia se obliga a los estudiantes a leer, están en parecida categoría: las memorias de la guerrillera que montó la matanza en la Zona Rosa, elucubraciones que se presentan como poesía, la trayectoria de un pobre maestro al que le lavaron el cerebro o ensayos sobre "la escuela de Francfort". En este último caso preguntamos a un par de filósofos amigos si alguna vez, en sus recorridos sobre el pensamiento del Siglo XX, tropezaron con ella, a lo que respondieron que no. Tampoco hay referencia a tal escuela en la enciclopedia filosófica italiana, la que por cierto dedica un par de páginas al gran pensador y ex presidente dominicano Joaquín Balaguer.

¿Cómo no será tan arduo para nuestros pueblos escapar del subdesarrollo si a sus jóvenes con frecuencia los indoctrinan en lugar de enseñarles? ¿Qué hace más tarde una persona que por algún motivo tiene que vivir y trabajar en otro país, al descubrir que las lecturas que conoció sólo provocan hilaridad? ¿Con qué instrumentos de análisis, criterios o saberes es que le tocará luego enfrentar la literatura o el arte de otras culturas?

No es de extrañar que tantos jóvenes y profesionales lean muy poco: no conocieron ni aprendieron a apreciar la buena literatura. Sólo leen para informarse pero nada más; a Dios gracias aquí hay buenos diarios. Pasan por la vida perdiéndose las maravillas que están a su alcance casi sin costo.

Cuidémonos de las ocurrencias ajenas

La lectura, como la música, desarrolla el intelecto pues demanda a quien lee (o escucha música clásica) a entender y manejar estructuras intelectuales, aquellas que encontramos en cualquier labor productiva de segundo nivel (distinta y superior a cavar una zanja), en el desempeño de una profesión o al montar y operar equipos complejos. Es obvio que hay complejidades de complejidades, pues no es lo mismo administrar una factoría que llevar bien una pequeña familia, pero distinta suerte tiene el que con cabeza ordenada maneja a su familia, al que lo hace siguiendo los impulsos y emociones. Es en particular importante que la gente aprenda a ponerse a salvo de sus propias ocurrencias, lo que no va a lograr si en la universidad o la escuela le presentaron como modelo ocurrencias y desperdicios ajenos, como "el asco".

Las lecturas de los estudiantes en cualquier nivel son un asunto demasiado serio, para dejarlo en manos del instructor o maestro de una materia. No se trata de censura ni de propiciar un punto de vista sobre otro, sino de escoger calidad, lo que más allá del contenido tenga la altura, la belleza o el rango que aporte a la formación de un joven. Los docentes y las autoridades de escuelas y universidades, los responsables ministeriales, los mismos alumnos deben cuidar de lo que leen; rechácese la contracultura, lo asqueroso.

El Diario de Hoy no es responsable de las opiniones de sus columnistas y colaboradores
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