Por tal razón pensamos que lo declarado por el candidato comunista Funes de que rompería relaciones con China Nacionalista, es un exabrupto que nadie públicamente le estaba exigiendo o que responda a lógica alguna. Lo probable es que sea parte de los condicionamientos de Chávez a cambio del dinero que envía a los efemelenistas. Hasta donde sabemos el candidato no indagó sobre los programas de asistencia que aquí desarrollan los taiwaneses, ni sobre las consecuencias políticas y económicas de un rompimiento tan grosero, o respecto a la cantidad de salvadoreños y de las actividades que literalmente se quedan "con la espalda al aire". Todo a cambio de un hipotético aprovechamiento de oportunidades del gran mercado de China Continental.
¿Pero, quiénes y en qué forma producirían de manera competitiva los bienes que en la cabeza de Funes los chinos nos comprarán con entusiasmo? Dado el discurso de Funes y los antecedentes delictivos de tantos en el movimiento que lo postula, no habrá muchos empresarios que se arriesguen a invertir en la clase de país que la izquierda radical viene anunciando, un país sin seguridad jurídica donde las decisiones se tomarían sin consulta alguna y por revanchismo. Perderíamos lo que ya tenemos con una China sin lograr nada de la otra, como le sucedió a Costa Rica.
Todos estamos unidos como productores
Hay peores señales respecto a nuestras relaciones comerciales. El candidato Funes dijo que "va a estudiar" el TLC con Estados Unidos, estudiar lo que la experiencia de los últimos dos años y meses demuestra que es un tratado que está acarreando enormes beneficios a El Salvador. Gracias al TLC se han recuperado los varios miles de empleos que se perdieron al cerrar maquileras, empleos de mejor calidad y mejor remunerados. Ni Funes ni nadie tendría que estudiar lo que se puede ver a la luz del día: han crecido nuestras exportaciones de productos no tradicionales con mayor valor agregado localmente. Las empresas que se han formado, que van de pequeñas a medianas, emplean mano de obra más calificada y han desarrollado su propia tecnología y mercados de exportación. Funes "va a estudiar" lo que cualquiera mira con sólo abrir los ojos. Resulta obvio que detrás de la campaña contra el TLC (los diputados comunistas se opusieron al tratado e inclusive han interpuesto amparos en la Corte Suprema para anularlo) está la mano de Chávez, que promueve su propio plan de Alba.
Anular un tratado que está operando con éxito y que ha propiciado la fundación de muchas medianas y pequeñas empresas, no sólo enviaría las peores señales a los inversionistas que se interesen por nuestro país, sino que causaría graves perjuicios en todo el sector productivo nacional al empujar a muchos negocios a la quiebra.
La producción de bienes y servicios se realiza dentro del complejo y casi infinito entramado que une a todos los negocios y a sus miembros en un país y el mundo. Romper un eslabón de inmediato causa desequilibrios en el conjunto, incrementando en nuestro caso los problemas derivados de la crisis mundial.