Con éxito cumplen diez años las administradoras de pensiones

En América del Sur los benefactorismos llevaron a la quiebra los fondos de pensiones, pues a los 42 años alguien podía jubilarse

El sistema de administradoras de pensiones cumplió diez años, un período de afianzamiento, de amenazas, de problemas y de éxitos. Las AFP han acumulado cerca de cuatro mil quinientos millones de dólares de patrimonio, los que con muchas limitantes legales las dos administradoras en funciones invierten y cuidan.

¿Por qué se pasó del esquema anterior al actual? Porque el viejo sistema estaba al borde de la bancarrota, era saqueado regularmente por el respectivo sindicato, sufría de una carga laboral terrible y en muchos períodos fue manejado de manera ineficiente. Como con una parte de los entes gubernamentales, los nombramientos se hacían a dedo y con frecuencia para favorecer desde damiselas hasta parientes; el barco hacía aguas y los perdidosos iban a ser los pobres cotizantes.

Lo más grave, empero, es que el INPEP no cuidaba "el dinero de los cotizantes", sino que lo metía en un huacal financiero de donde se pagaban las pensiones de los jubilados y accidentados. Nadie sabía en qué sitio estaba su dinero por la simple razón de que el dinero se metía en un fondo común. Y ese fondo común era visto con apetencia por los del sindicato y por muchos políticos.

Más pensionados y menos cotizantes

La "revolución pensionaria", para llamarla de alguna manera, fue creada e impulsada por el economista chileno José Piñeiro, que logró convencer a don Augusto Pinochet y ponerla en marcha. La reforma radical era impostergable no sólo por los manoseos políticos a los fondos provenientes de los cotizantes, sino también porque en Chile como acá y en la mayor parte de países del mundo, se ha ido reduciendo el número de cotizantes e incrementando el de pensionados. La respuesta al dilema fue dejar en manos de cada quien formar su capital de retiro. Y a menos que el buen Dios se compadezca de sus descarriados hijos y haga llover maná del cielo, cada trabajador tiene que ocuparse de su futuro, como precisamente hacen las AFP. Alfredo Mena, entonces comisionado, presentó la reforma del sistema.

No fue fácil lograr la aprobación del nuevo esquema, distinto en su totalidad al anterior. Hubo muchísimo trabajo de carpintería y de convencimiento a los más diversos públicos, labor que en buena medida recayó sobre la entonces presidenta del INPEP, Francia Brevé. Y en ese afán participamos nosotros, escribiendo, informando y tomando parte en foros y entrevistas televisivas.

En estos diez años la gente tiene conciencia de lo que son sus derechos y obligaciones, le gusta informarse sobre los ahorros que acumula (que ya no son anónimos sino muy personales) y tiene tiempo para pensar cómo invertirá esos fondos cuando le toque jubilarse. Por desgracia los comunistas no sólo viven complotando para ver cómo derrumban las finanzas públicas, sino que niegan sus votos para extender los años de trabajo del cotizante. En América del Sur los benefactorismos llevaron a la quiebra los fondos de pensiones, pues a los 42 años alguien podía jubilarse aunque su pensión no alcanzara para comprar más que unas libras de arroz.

Pasamos un susto cuando por la negativa de los rojos a ratificar préstamos que ayudarían a salvar la coyuntura de mucha carga y pocos tamales, el gobierno estuvo a punto de cargarse a las AFP; la propuesta fue que las cotizaciones pasaran directamente a Hacienda. Al final se impuso la sensatez…