Es un hecho que cada año salen de las aulas universitarias miles de jóvenes licenciados, para los cuales no hay igual número de empleos en el país y ni el gobierno ni la empresa privada serán capaces de generarlos. Pero vale la pena reflexionar sobre ello, pues si el exceso de profesionales es matemáticamente cierto, a veces la realidad cambia al analizarla.
Recuerdo el caso de un bachiller que al preguntarle sobre la carrera que estudiaría y responder que arquitectura, recibía discretas sonrisas conmiscerativas o expresiones de "terminarás de dibujante, para no morirte de hambre". Y la misma situación se da para muchas otras disciplinas: "Terminarás de taxista o de vendedor, porque no encontrarás empleo". Más que deprimente.
Tal vez estos pesimistas de futuro agorero y los nóveles profesionales que reciben sus macabros vaticinios, han olvidado que estamos en el siglo XXI, en la era de la globalización en que lo más importante es la excelencia, la capacitación y la eficiencia. Por lo tanto, de los miles de graduados en las universidades, habría que realizar una depuración, con la técnica del embudo. ¿Cuántos de ellos de verdad tienen conocimientos de la disciplina que estudiaron? Porque los que pasaron a pura copia, con profesores poco exigentes y que lo único que les interesaba era obtener un cartón, quedan automáticamente fuera.
De los que quedan, ¿cuántos tuvieron un promedio de notas más arriba de 8? Porque los de 6 ya no cuentan y los 7 son medianía. Luego, ¿cuántos hablan inglés u otro idioma extranjero; manejan hábilmente programas de computación; conocen las reglas de ortografía y saben redactar cartas y reportes; han desarrollado la capacidad de hablar en público; presentan una imagen adecuada en cuanto a su vestuario, higiene y arreglo personal; tienen buenos modales, relaciones interpersonales adecuadas y vocabulario correcto; una formación basada en valores, que les permite mantener una conducta ética?
Como valor agregado, entre los candidatos a ingresar en el mercado laboral, cuántos continuarán estudios de maestría; tienen cultura general, saben de historia, de literatura, de política como para hacer un buen papel con profesionales de países con niveles más altos de educación que el nuestro. ¿Y cómo anda su inteligencia emocional? ¿Su auto estima?
Bill Gates y Donald Trump recomiendan que al contratar a un ejecutivo, hay que fijarse más en lo que es, como persona en cuanto a virtudes, y no tanto en lo que sabe. Porque de lo contrario, a los 6 meses habrá que despedirlo por lo que no es, y no puede adquirir en cursos de capacitación. En EE.UU. se está dando prioridad a profesionales con estudios de filosofía, pues les ayuda mucho en el razonamiento lógico para la toma de decisiones, y a los que han tenido experiencia docente, que es una fortaleza en el trabajo en equipo y funciones de liderazgo.
No hay que preocuparse por la cantidad de profesionales, sino por estar en ese grupo pequeño que destaca por su calidad humana y la excelencia de sus conocimientos. Pues como decía Ortega y Gasset, a la mayoría pertenecen todos los seres humanos nacidos, y no se necesita nada para estar en esa categoría: las minorías las forman los que no están a gusto en la masa, y por su esfuerzo personal han destacado para pasar a las minorías. Para ellos, siempre habrá trabajo, aquí y en cualquier parte de este mundo hoy tan pequeño. Recomendación: trabajar duro y soñar alto para contarse entre los profesionales altamente capacitados.
*Columnista de El Diario de Hoy.