Liberalismo, capitalismo y "neoliberalismo"

Con el mismo tema La palabra "neoliberalismo" está siendo duramente cuestionada por los liberales de hoy porque no tiene consistencia, ni teórica ni práctica

Quien teme el intercambio de ideas es el que no está muy seguro de poder defender las suyas. Por eso soy un convencido animador del debate político y, sobre todo, de la discusión teórica que privilegia los argumentos y no las descalificaciones. Por eso me alegra tener como interlocutor, en este respetuoso diálogo sobre el liberalismo, a alguien tan noble y cultivado como el señor Carlos Sandoval. Enhorabuena.

En su artículo "El neoliberalismo es más humano" (10/I/08), el Lic. Sandoval nos comparte sus respetables conjeturas alrededor de un tema que se presta a innumerables confusiones, precisamente porque, como él mismo dice, no existe "ningún manual de educación política que distinga la doctrina liberal de la neoliberal". (Gracias a Dios, agregaría yo, porque nunca ha habido una escuela económica "neoliberal", ni siquiera un sistema de valores con semejante apellido).

De hecho, como he tenido oportunidad de explicar en otras columnas, el liberalismo dista mucho de ser una "ideología" --al menos en el sentido que solemos darle a este término--, sino que se trata de una humanista y filosófica visión de la realidad, enraizada en pocos postulados básicos (libertad, sano individualismo, seguridad jurídica, igualdad de oportunidades, etc.) y sujeta a tantas aplicaciones prácticas como desafíos encuentran las personas y las naciones en su búsqueda del desarrollo económico, político, social y cultural.

A veces se confunde el liberalismo con el capitalismo --palabra esta última acuñada por el marxismo--, porque se equiparan los fundamentos del pensamiento liberal con una sola de sus expresiones: la estrictamente económica. Lo cierto es que aunque el capitalismo sea, de alguna manera, la sistematización de las aplicaciones del ideario liberal en la economía, no deja por lo mismo de ser parcial. Cuando decimos, por tanto, que un partido político es "neoliberal o capitalista", le estamos siguiendo el juego a Carlos Marx, quien intentó convencernos de que no había diferencias sustantivas entre las ideas liberales (tan antiguas como el sofismo griego) y sus versiones políticas (forzosamente limitadas por cada realidad humana concreta).

La palabra "neoliberalismo" está siendo duramente cuestionada por los liberales de hoy porque no tiene consistencia, ni teórica ni práctica. ¿Qué porción de la base filosófica del liberalismo debe ser transformada radicalmente para que la concibamos como novedad? Ninguna. La célebre "mano invisible" de Adam Smith, supuesta a regular los abusos de los agentes económicos sin la intervención estatal, jamás tuvo la condición de pilar doctrinario del pensamiento liberal. Fue una forma de previsión teórica por la que Smith creyó haber encontrado una respuesta a los cíclicos estancamientos de la economía. Es injusto, pues, convertir esta parte de la propuesta smithiana en requisito neurálgico del liberalismo. No lo es. Nunca lo fue.

Idéntica conclusión nos obligamos a sacar en torno al "laissez-faire", que muchos pretenden disfrazar de "principio liberal". Si fuera cierto que el liberalismo clásico propone el "dejar hacer, dejar pasar" como una de sus principales consignas --cosa que a la izquierda le conviene que creamos--, ¿cómo explicaríamos la necesidad (ineludible, por cierto) de hallar la manera de definir lo que consideraremos aceptable o no en un mercado libre?

John Gray, en uno de sus magníficos libros, "Liberalismo", nos dice: "Los primeros liberales clásicos se ocuparon, casi exclusivamente, de la participación coercitiva o proscriptiva del gobierno en la economía. Atacaban los aranceles y las reglamentaciones que imponían restricciones legales a la actividad económica, y en su mayoría se sentían satisfechos si dichas restricciones eran eliminadas. En otras palabras, no exigían una separación completa del gobierno en la vida económica". Es falso, entonces, que el liberalismo clásico se haya basado en el insostenible "laissez-faire".

El partido ARENA no es, ni ha sido jamás, "neoliberal". Nuestras acciones políticas y económicas se han fundamentado en las ideas liberales de siempre, las mismas que compartieron, entre otros, Locke, Smith, Quesnay, Cobden, Mill, Mises, Hayek y Friedman. El que los estudios comparativos entre estos autores arrojen notables diferencias de aplicación no roba un ápice de coherencia a la prístina filosofía que les mantiene unidos como liberales.

Las incursiones estatales que el Presidente Saca, por ejemplo, ha avalado para defender a los consumidores de los proveedores abusivos, no son prácticas "neoliberales". Se basan en el estricto respeto a la libertad económica, porque impiden que esta se confunda con arbitrariedad y atropello. Nuestro gobierno cumple así con dos grandes postulados clásicos: libre mercado y Estado de Derecho, permitiendo a los agentes económicos que hagan lo que crean conveniente para buscar el lucro, pero advirtiéndoles que ninguno estará por encima de la ley. Humanismo liberal, en definitiva; nada de "neoliberalismo".

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.