Teresa Guevara de López*
Sábado, 24 de Noviembre de 2007
Si los pueblos son como los niños pequeños, los gobernantes deben actuar como educadores para lograr un mejor entendimiento y la necesaria colaboración para desarrollar programas que beneficien a la población. Un reto enorme ya que hay que hacer coincidir diversos elementos, lidiar con la oposición que no siempre es constructiva y diversos aspectos externos, muchas veces fuera de control.

Los salvadoreños hemos contemplado con sorpresa, dos actitudes de las autoridades que podríamos justamente calificar de anti pedagógicas, porque han enviado un mensaje negativo a la población: se ha premiado al malo, al que más ha gritado, amenazado con la ley de la fuerza y exigido sin ofrecer nada a cambio, aunque no tenga la razón ni la justicia de su parte.

En la mesa de negociación del gobierno con los buseros hemos visto con estupor exigir una vez más el subsidio al diesel con alarde de prepotencia (como algo que les es debido), sin sentir vergüenza por no haber cumplido ninguno de los 14 puntos a los que antes se comprometieron, si se les subsidiaba el diesel y se les permitía aumentar el pasaje. Increíble, pero el gobierno acepta una vez más el subsidio, que saldrá de la bolsa de los contribuyentes, mediante un sobreimpuesto a la gasolina. Será un premio por infringir todas las leyes de tránsito, tener motoristas irresponsables, mantener unidades viejas en pésimas condiciones, que han causado graves accidentes con saldo de muertos y heridos.

El segundo ejemplo estelar ha sido el enfrentamiento entre la alcaldía y los vendedores ambulantes, quienes exigen instalarse en la mejor plaza de la capital, frente a Catedral y al Palacio. Se descubre el desorden de las autoridades municipales, al pretender ubicarlas en la Plaza Libertad, después de haberles cobrado por instalarse en la Barrios. Esto les da autoridad para vociferar que aunque no se los permitan, venderán en la acera del Palacio.

Y a todos sorprende que luego de tantas declaraciones de doña Violeta sobre su plan de ordenamiento del Centro Histórico, ella ya había prometido a los ambulantes enviarlos a Cuba y Venezuela para operaciones de la vista; incluirlos en programas de capacitación de mano de obra calificada a través de Insaforp; gestiones bancarias a nivel nacional e internacional para inyectarles capital; becas de estudio para sus hijos y una campaña de publicidad en los medios. ¿Moraleja? A la calle todo mundo, no vale la pena obedecer, estar en los mercados y cumplir la ley, porque el premio será para el desorden.

Tristemente comprobamos que impera la ley del más fuerte y se cumple el dicho popular que "el que abre más la boca, traga más pinol", cuando lo lógico sería beneficiar a los que cumplen la ley, dialogan en un plan de igualdad exigiendo derechos porque han cumplido deberes.

Los funcionarios han sido elegidas mediante el voto popular, se les ha otorgado autoridad esperando que sean garantes del orden. Esta es una tarea educativa que tienen obligación de realizar desde el momento en que se juramentaron en el cargo, comprometiéndose a cumplir y hacer cumplir la Constitución, lo que significa sancionar a los infractores para que en el futuro se abstengan de reincidir y premiar a los fieles observantes de la ley, al darles un clima de tranquilidad y seguridad tanto jurídica como ciudadana.

Estamos ante una oportunidad única para que el señor Presidente, sus ministros, los diputados y los alcaldes consideren seriamente si estas dos situaciones a que nos hemos referido, no abrirán un nefasto precedente para que en el futuro el pueblo interprete el mal mensaje y actúe en consecuencia: no vale la pena obedecer, porque a la hora de las verdades hay que intimidar al gobierno amenazando con huelgas, paros, tomas, vandalismo, saqueos y hasta balazos, ya que ésta es la manera de conseguir lo que se exige, independientemente de si es beneficio del bien común. ¡Qué triste enseñanza!

*Columnista de El Diario de Hoy.

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