El punto de partida fue el llamado a un "pacto de nación" hecho por comunistas, tontos útiles, compañeros de viaje y momias políticas intentando resucitarse. "Pacto de nación" para un país que se rige por una Constitución y cuyas formas de vida y trabajo son congruentes con los principios y las prácticas de las grandes y pequeñas democracias contemporáneas. Los lustrosos congregados se proponen inventar nuevas justicias, volver a la comedia que llevó a los "acuerdos de paz".
En cosa de meses habrá foros para todo lo imaginable: lo agrícola, el costo de la vida, la salud, la infancia, la educación, el trabajo, las aspiraciones populares, el agua, el aire, los transportes, los combustibles…, muchísimos temas, un financiamiento (Hugo Chávez) y un beneficiario: la banda de enloquecidos que hicieron la guerra contra El Salvador. Enloquecidos con el antifaz de moderación, del que no rompe un plato, no roba ni una gallina ni mata un mosquito.
Lo que están pensando se reveló en la visita que un par de diputados de Chávez, el bolivariano, hicieron al país para exponer el nuevo modelo de propiedad que propugna el régimen: hay propiedad privada, la hay social, la hay comunitaria, la hay pública, etcétera. Y la comunitaria consiste en que las chusmas de cada barriada podrán definir los usos que deben darse a las propiedades, con lo que desaparece la propiedad como la conocemos y como se garantiza en Francia o Indonesia. Ni Mauricito el rojo ni los que mueven las pitas donde cuelga, han tomado posición sobre esas monstruosidades jurídicas y morales; simplemente lo califican como un "asunto interno de Venezuela", lo que equivale a llamar problema entre dos personas cuando un marero extorsiona al dueño de la tienda de barrio.
De la democracia a la chusmocracia roja
Al hombre como hombre le tomó un millón de años llegar a la invención de la agricultura y de las ciudades, a tomar conciencia del Orden Moral y a dar forma y sustancia al Estado de Derecho. Lo que nos rige —y, repetimos, es patrimonio y gloria del mundo libre— tiene raíces milenarias, fundamentándose en la razón y los mandamientos morales.
Lo que pretenden los rojos aquí es la realidad de espanto en Cuba y Venezuela: suplantar la ley y la moral por arbitrariedades, ocurrencias, truculencias, desmanes, atropellos y crímenes.
El esquema que vinieron a exponer los esbirros de Chávez frente a una concurrencia farabundista, son nuevos ardides para caer encima de bienes y patrimonios ajenos, para disponer de la vida de los venezolanos y, de llegar la banda roja al poder, también de salvadoreños, como se le antoje al déspota. No hay país libre y democrático en el mundo donde se apliquen las estrafalarias disposiciones que los chavistas presentan como un "nuevo modelo" de propiedad y de producción, que se aplicará por las chusmas manipuladas del régimen, como Hitler desbarató a Alemania echando mano de sus matones de la SS. Es ese el "pacto de nación".