El sitio en la Internet se llama couchsurfing.com, tiene cerca de trescientos mil miembros y de seguro varios miles de ellos están conectados a un mismo tiempo. La idea es conocer a otros, conversar, enseñar cómo se vive y ver cómo viven. En la mayoría de casos, la visita es única pero en otros se puede repetir.
La gran ventaja de tener mayor cantidad de ventanas al mundo, el que cada vez se empequeñece más, es poder salir de la aldea (y nos referimos a la aldea mental), respirar nuevos aires, enterarse de cosas. En la soledad tan terrible de las grandes ciudades y la soledad de los que viven en montañas o crían ovejas cerca del Antártico, esa comunicación es salvadora.
Hay, desde luego, barreras y las más grandes son las idiomáticas. Todos deben ser muy cuidadosos respecto a admitir extraños en casa, cuando hay niños, en situaciones convulsas. Las personas sensatas deben cerrar la puerta a predicadores, políticos y fanáticos.
Cada vez una nueva experiencia
La Internet adolece del mal de las computadoras: si se les mete basura, de ellas sale basura. Y mucha de esta basura se da en los "blogs", que son el equivalente a los cotilleos de señoras de pueblos o a la conversación de peluquería: puros chambres aunque de vez en cuando se averiguan cosas de interés. En un primer momento muchos creyeron que los "blogs" y las publicaciones personales iban a acabar con los medios, sean estos periódicos, emisoras de radio, programas informativos. Pero la gente ha terminado por darse cuenta de que lo dicho y expuesto verdaderamente no lo respalda ninguna organización profesional y seria. Cualquier pelagatos sale en la Internet hablando sobre la solidez de un banco, la venta de una gran empresa, la quiebra de una familia o los pecados de un funcionario, sin que nada de ello sea necesariamente cierto. Por el contrario, el que lee las noticias en elsalvador.com, en el Wall Street Journal o en Corriere della Sera, no sólo sabe que hay empresas muy solventes y con gran experiencia detrás de lo que se dice, sino que además rectifican de inmediato al cometer un error.
Volvamos al mullido sofá. Para saber de otras culturas, tener compañía interesante y sin riesgos por la noche, practicar idiomas, enterarse con anticipación de lugares que se piensa visitar, estos encuentros cibernéticos pueden y con frecuencia son, muy valiosos o al menos aportan a la experiencia de cada uno. Puede trazarse una simple regla: nunca volver al mismo lugar, seguir navegando y tocar nuevos salones cada vez. Con el tiempo se coge experiencia para que surcar por el ancho mundo sea más provechoso y divertido.