La cultura política de la democracia

Usualmente, cuando se evalúan las condiciones en las que se encuentra nuestra llamada democracia, se hace referencia a los mecanismos institucionales que nos permiten tener elecciones libres y justas con regularidad, o al nivel de respeto de los derechos y las libertades fundamentales por parte de los gobernantes. Rara vez se menciona el compromiso de los ciudadanos con el régimen político y con los valores y normas que posibilitan que la democracia funcione.

El informe del estudio "Cultura política de la democracia en El Salvador 2006", realizado por el Iudop de la UCA y Fundaungo, como parte del Barómetro de las Américas de la Universidad de Vanderbilt, y el cual ha sido financiado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), nos recuerda precisamente la importancia que tiene la cultura política ciudadana en el establecimiento y, sobre todo, en la consolidación de la democracia.

En concreto, el estudio nos recuerda que para que una democracia se sustente es necesario que, además del diseño y del funcionamiento de las instituciones del régimen, los ciudadanos en general --y no sólo las elites políticas-- acepten ciertos principios vinculados a las libertades, los derechos humanos y el imperio de la ley, entre otras cosas. En otras palabras, el estudio nos recuerda que para que una democracia se mantenga, es necesario que los ciudadanos crean en ella y en sus preceptos fundamentales.

En esa línea, el informe en cuestión, producto de un estudio que hasta el momento también ha sido realizado en más de veinte países de la región, revela que la mayoría de los salvadoreños prefieren un régimen democrático antes que uno autoritario y que están mucho más dispuestos a apoyar los procesos electorales que a retornar a los golpes de Estado y los rompimientos institucionales del pasado. Pero al mismo tiempo, el informe muestra que una parte importante de la ciudadanía está profundamente insatisfecha por la manera en que funciona la democracia en nuestro país, y que para muchos El Salvador no es más democrático de lo que era hace algunos años.

Para la gente, esta insatisfacción con el funcionamiento de la democracia tiene que ver con varias cosas. Tiene que ver con la eficacia de las instituciones, sobre todo con las de justicia y de seguridad, pero tiene que ver también con la confianza en el desempeño de los partidos políticos, en la Asamblea Legislativa y la Corte Suprema, los cuales --para variar-- no figuran con mucho aprecio entre la población.

Con todo, el informe trae buenas noticias. En términos generales, las actitudes políticas de los ciudadanos tienden a favorecer más la democracia que otras alternativas de gobierno y, sobre todo, tienden a hacerlo más que en la mayoría de países de la región, con excepción de Costa Rica, República Dominicana y México.

Los salvadoreños parecen estar comprometidos con los principios de la democracia, aun aquellos que no terminan de comprender exactamente en qué consiste un régimen democrático. La pregunta pendiente es: ¿Están las elites políticas igualmente comprometidas con la democracia?

*Columnista de El Diario de Hoy.