No hay gran empresa que no pasara por las fases de pequeña y luego de mediana, como hubo y hay muchas grandes empresas que fueron reduciéndose hasta colapsar. En las entrevistas de Mauricito casi se dice que las grandes empresas lo son porque gozan de privilegios y favores que se niegan a otros, pero queda en el misterio cuándo a una empresa le otorgan esas munificencias para incorporarla al círculo de los olímpicos.
La parte más grave es que Mauricito pretende tener la capacidad para dirigir el país pero no la tiene para entender el funcionamiento de la economía. La producción y el intercambio no operan por sectores, digamos que las pequeñas empresas sólo se relacionan con pequeñas, las medianas con medianas, las grandes con grandes, sino que todas forman parte de la cadena productiva nacional y mundial. Mauricito debe buscar a alguien que le explique esas cosas y esforzarse por comprenderlas, lo que no será nada fácil considerando la carga de prejuicios, medias verdades, ignorancia y complejos que acarrea sobre las espaldas.
Con el TLC, proceso que los comunistas combatieron hasta lo último, las grandes empresas del país pasaron de grandes a modestas y de modestas a pequeñas. Además se encontró que para competir a nivel regional o mundial los tamaños de las empresas salvadoreñas eran insuficientes, lo que condujo a formar alianzas e inclusive a integrarse con otros grupos. Una torpeza y lo que ya dice el candidato entra en el campo de las posibilidades, puede echar abajo la competitividad de las empresas locales. Pero el prurito de tomar venganza por agravios inexistentes se sobrepone a todo, como se demostró en la experiencia nicaragüense bajo los sandinistas: sus persecuciones en contra del capital y las empresas convirtieron a Nicaragua en el mendigo de Centro América.
Ocurrencias que derrumban el empleo
Hay una multitud de medianas y pequeñas empresas en este país que existen por dar servicio a grandes empresas. Las grandes empresas, por su lado, prosperan por la amplitud de sus clientelas, como los centros comerciales, los bancos, las urbanizadoras.
Producir los bienes de consumo y los servicios que requiere un país exige de instalaciones grandes, de cuerpos administrativos grandes, de cadenas grandes de distribución. Eso, a la vez, se traduce en economías de escala reflejadas en mejores calidades y precios bajos. Las empresas eficientes crecen hasta donde lo permite el tamaño del mercado; el TLC amplía las posibilidades, como es ya la experiencia y beneficio de muchas medianas y pequeñas empresas que han comenzado a vender en Estados Unidos.
Mauricito piensa que puede dar de palos a unos y palmaditas a otros sin provocar graves distorsiones e inclusive derrumbar la economía nacional, como sucedió con Duarte en los Ochenta. Sus ocurrencias pueden costar los empleos de cientos de miles.