Se habló de Venezuela y de Cuba, aunque el candidato se esfuerza por alejarse en público de Chávez. El haber escogido como fecha símbolo el 11 de noviembre, cuando el ataque a traición, revela que no renuncian a la violencia. Muy poco se dijo de El Salvador, respecto a los retos de la globalización, de las oportunidades que ofrece la economía, del conocimiento o alrededor de la moral y el Derecho, temas que nunca menciona la extrema izquierda, por repudiarlos o por desconocerlos.
El candidato no vaciló en hablar de la libertad, lo que sorprende considerando el charco donde está parado y su tácito respaldo a la represión de los medios informativos y contra las manifestaciones ciudadanas que tienen lugar en Venezuela. El candidato piensa que todo eso son "asuntos internos de Venezuela", como también es un "asunto interno" los financiamientos del régimen chavista a movimientos sediciosos en un número de países de la región, como lo denunció El Universal de Caracas y el gobierno de México.
A sueldo, listos para vender el país
Pero no podía el flamante candidato tomar otra postura, pues el régimen venezolano financiará en gran medida la campaña presidencial comunista para el dos mil nueve. El bolivariano presidente paga los sueldos de los candidatos, suministra apoyo logístico, define las estrategias, articula las campañas y manda el dinero para entrenar a los activistas. No será este candidato quien critique al que paga la leche del niño y cubre los saldos de las tarjetas. Por los petrodólares están vendiendo su partido y están preparados para vender a El Salvador.
Funes habla de "fortalecer las relaciones con el gobierno de Venezuela", al final de una semana en que las fuerzas represivas de esa dictadura le entraron a balazos y garrote a manifestaciones estudiantiles matando a uno; también esquiva el tema de las groserías de Chávez en la Cumbre Iberoamericana cuando el propio Rey de España fue aplaudido por los presidentes iberoamericanos por mandarlo a callar.
Los tres países con los que el señor Funes anhela abrir y estrechar relaciones, los únicos que mencionó en su perorata, son dictaduras que conculcan las libertades personales, se persigue a los opositores y donde una férrea mordaza deja muy poco espacio a la libre expresión. En dos de ellos, China y Cuba, no existen partidos de oposición, mientras en Venezuela el dictador pretende estar en el poder hasta que muera. Si esos son los modelos que admira Funes y su banda política, no puede nadie engañarse de la clase de futuro que espera a El Salvador si cae en esas manos.
Al mismo tiempo, Funes anuncia un rechazo a los Estados Unidos, comenzando porque ordenaría el retiro de las tropas salvadoreñas en Iraq. Un amistoso gesto hacia la internacional del terror y la censura de un país donde viven y trabajan dos millones de salvadoreños.
Nunca los rojos criollos definen hacia dónde van o lo que piensan hacer, pero se sabe en qué camas se acuestan.