Solución Siria ¿será un legado de Obama?

La crisis en Siria ya escaló más allá de la etapa diplomática. Estados Unidos no quiere involucrarse en esa crisis y mucho menos hacerlo solo, sin acompañamiento europeo. Pero la mayoría de los aliados que están dispuestos a hacer algo para frenar los crímenes de guerra del Gobierno sirio, no se muestran ansiosos de entrar en la batalla, les cuesta colectar el respaldo político interno.

Por su parte, los rusos están pensando en cómo y hasta dónde llegarán en el enfrentamiento con Estados Unidos. Negarse extraditar a Snowden fue una cosa, Siria definitivamente es de una escala muy superior. Los rusos deberán decidir hasta dónde deben llevar su respaldo al régimen de Al-Assad.

Debido a que muchos planes de guerra simplemente no sobreviven a la realidad que conllevan las diferentes guerras, se deduce que cada una es un universo singular y por lo tanto las comparaciones con escenarios bélicos anteriores, con un inminente conflicto militar en Siria, si bien son teóricamente útiles, también pueden resultar en análisis ilusorio y fatuo.

Por ejemplo, uno de los muchos supuestos erróneos antes de que empezara la Segunda Guerra del Golfo Pérsico, era que de alguna manera sería de rápida conclusión y de repliegue, como la Primera Guerra del Golfo, en la que los denominados "pesimistas" que no la apoyaban habían salido humillados por la facilidad de la victoria. De hecho, la segunda confrontación con Bagdad se desarrolló de manera diferente, dándoles a los "pesimistas" la razón por su complejidad.

Últimamente, medios internacionales tienden a comparar una hipotética operación militar en Siria con la guerra de Kosovo (1999). Algunos indican que no se tuvo entonces que lidiar con un fuerte contrincante como Rusia, que se recuperaba del incompetente gobierno de Boris Yeltsin. Hoy está Vladimir Putin, quien tiene acciones importantes en Siria, pero aunque haga todo lo que este en su poder para socavar un ataque norteamericano, sus opciones reales serían limitadas.

Otra consideración es que en la guerra de Kosovo no intervino Irán como lo hace en el conflicto de Damasco. A pesar de todos los misiles que Estados Unidos pueda disparar, no tiene la posibilidad real de llevar tropas al terreno, como si la tiene Irán. Y es que a Irán tampoco le conviene un debilitado o derrocado Al-Assad, pues sin duda, serían pésimas noticias a su seguridad. Amenazada o herida, esa fiera podría optar rápidamente al escenario nuclear.

Así las cosas, Obama enfrenta un dilema más complejo que el de Clinton en Kosovo. Si Obama decide ataques militares limitados para enviar un mensaje contundente contra el uso de armas químicas, se arriesga aparecer débil. Si elige catalizar cambio de régimen, sin querer llamarlo así, se podría también interpretar como una opción intermedia. Erosionando seriamente la base de poder de Al-Assad, enviaría con ello un mensaje a Rusia e Irán para obligarlos a negociar una transición de autoridad en Damasco.

Hasta ahora, Obama ha manejado el Oriente Medio bastante bien. Ha reducido y concluido compromisos replegando fuerzas terrestres en Afganistán e Irak, evitando atolladeros en otras regiones del globo. Este manejo está en consonancia con el liderazgo de la potencia marítima mundial que tiene enormes compromisos militares en Asia y otros lugares geoestratégicos, que concilia como su dependencia energética de Oriente Medio. Pero Obama se enfrenta ahora a un acontecimiento decisivo que pondrá a prueba su compromiso de mantener a Estados Unidos fuera de estas arenas movedizas, y a la vez, ser capaz de mantener su poder en esa región.

Si Obama persigue una operación militar importante solo, Siria podría ser para Estados Unidos, su guerra propia… para bien o para mal.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

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