Los diputados deben revelar los nombres de sus asesores

La actual legislatura no sólo será recordada en la historia del país por haber desatado serias disputas entre los órganos Legislativo y Judicial, sino también por llamar al Parlamento Centroamericano para dilucidar una diferencia interna y por incumplir la Ley de Acceso a la Información Pública, legislación que fue aprobada por esta misma Asamblea, con lo que aparentó dar un paso positivo en el fortalecimiento de la transparencia y rendición de cuentas del aparato estatal.

Pero aunque los diputados rubricaron el Decreto 534, de fecha 2 de diciembre de 2010, y dieron vida a esta legislación clave para el desarrollo de la democracia, estos mismos diputados han sido incapaces de cumplirla a cabalidad; primero, ocultando los gastos de final de año, cuando destinaron fondos de los contribuyentes para regalías, corbatas, pulseritas y canastas con licor; gasto en obras de arte y, más recientemente, negarse a dar la información en torno a los asesores contratados, a qué fracción política pertenecen y los salarios que devengan.

El presidente de la República tampoco ha querido dar información sobre sus viajes al exterior, cuando la ley es clara al respecto; pero en esta ocasión nos referimos a los diputados que se niegan a revelar datos sobre los acuerdos políticos internos, que son de interés público.

En particular, el Artículo 5 de la Ley de Acceso a la Información Pública define, de manera clara, que información pública es "aquella información pública que los entes obligados deberán difundir al público"; la información oficiosa, "aquella información pública que los entes obligados deberán difundir"; información reservada, aquella información pública cuyo acceso se restringe de manera expresa de conformidad con esta ley", y, la información confidencial, "aquella información privada, en poder del Estado, cuyo acceso público se prohibe por mandato constitucional o legal".

Y de manera expresa el Artículo 11 de la información oficiosa del Órgano Legislativo establece que se deberá hacer pública la información sobre "el protocolo de entendimiento de los grupos parlamentarios" y, más particularmente, en el Artículo 10, Inciso 2, sobre la "estructura orgánica completa y las competencias y facultades de las unidades administrativas, así como el número de servidores públicos que laboran en cada unidad".

Más claro no canta un gallo: no se justifica, que los diputados, aduciendo que se trata de "información confidencial" se nieguen a revelar las planillas de asesores de legisladores y planillas de asesores de grupos parlamentarios que incluyan nombre, identificación del grupo parlamentario al que pertenecen y salario mensual devengado.

La pregunta que los ciudadanos nos formulamos es la siguiente: ¿Por qué los diputados se niegan a revelar esta lista?; la respuesta va en dos direcciones: una, parque mostraría las componendas internas entre los partidos políticos, en las que, además de otros arreglos, se ha producido un reparto de los recursos, humanos, financieros y materiales, de la Asamblea, y dos, se trata de resguardar la identidad de los asesores, no porque desempeñen una actividad indecorosa o ilegal, sino porque se trata de amigos o militantes partidistas o de sujetos que responden a intereses personales.

Aclaro, me parece que los asesores son importantes para la buena marcha de la labor legislativa, esto es así aquí en El Salvador, en Estados Unidos o en China. En el mejor de los casos se trata de profesionales o técnicos, especialistas que pueden "orientar, asesorar o explicar a un diputado sobre asuntos específicos que escapan a sus entendederas". El arte del ejercicio parlamentario no sólo radica en que el diputado sepa hablar, sino también en que estudie y se adentre en la áreas sobre las que tiene que legislar. Escoger a asesores idóneos, es parte de su labor.

Diferente es en nuestro medio, donde algunos de estos asesores entienden poco o nada de los temas en que supuestamente han de ser consultados. Estos suelen ser militantes de un partido que sólo van tras un sueldo fácil; otros, son amigos o compadres de sus asesorados y, los más, son exfuncionarios vergonzantes que no se atreven a dar la cara porque en el pasado inmediato agitaron otra bandera política.

Esto no justifica, aunque vuelve inútil esconder la lista, porque tarde o temprano se conocerá. No olviden la profunda sabiduría de la Palabra: "...nada hay oculto que no haya de ser manifestado ni secreto que no haya de ser descubierto. El que tenga oídos que oiga..."

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

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