Más allá de la veracidad del rumor de "toque de queda"

Hace unos días, Luis Martínez, fiscal general de la República, acusó a David Munguía Payés, antecesor del actual ministro de Justicia y Seguridad Pública, de obstaculizar la ejecución de operativos orientados a desarticular estructuras criminales de las pandillas en el municipio de Soyapango. Los señalamientos de Martínez mermaron después de haber asistido a una reunión en Casa Presidencial, organizada por el mandatario Mauricio Funes, para limar asperezas entre ambos funcionarios. La foto de Martínez y Munguía dándose un seco abrazo parecía haber silenciado los reclamos del fiscal.

Sin embargo, la semana pasada, Martínez arremetió nuevamente contra las autoridades de Seguridad, argumentando que desde febrero de este año se han cancelado más de catorce operativos en la municipalidad antes mencionada y publicando en su cuenta de Twitter que solicitaría el relevo del jefe de la delegación policial correspondiente. En medio de esta coyuntura trascendió en los medios de comunicación que en Soyapango circulaba el rumor que las pandillas que operan en la zona decretaban un "toque de queda". Según imágenes publicadas por diferentes noticieros, esto incluso llevó a que los comerciantes del mercado cerraran sus puestos mucho antes de la hora habitual.

Las autoridades policiales, en respuesta, llevaron a periodistas a visitar una escuela para que entrevistaran a maestros en relación al "toque de queda". Lógicamente ninguna de las personas abordadas en el lugar confirmó la veracidad del rumor. El fiscal Martínez, por otro lado, sí lo corroboró.

La importancia de estas versiones contradictorias sobre lo que en realidad está sucediendo en Soyapango, no radica en quién está en lo correcto y quién no, sino en el impacto evidente en la ciudadanía. Aunque las pandillas no estuvieran detrás del "toque de queda", los efectos derivados del solo rumor indican el temor y la sumisión bajo los que viven sus días los habitantes de Soyapango. La influencia y control territorial ejercido por las pandillas se ha incrementado.

Durante septiembre de 2010 las pandillas mostraron a las autoridades y a la sociedad su poder, propiciando un paro comercial que causó pérdidas millonarias para el sector privado. Casi tres años después, dichas estructuras criminales han escalado varios peldaños en su proceso de evolución, cambiando la forma en que interactúan con el Estado y los demás actores de su entorno.

Desde entonces, las pandillas han entrado en un proceso de negociación con el Gobierno, el cual han aprovechado para involucrarse en nuevos patrones delictuales, fortalecer su control territorial y, como sugieren las acusaciones del fiscal Martínez, operar bajo la protección de las autoridades. Según lo revelaron los gestores del pacto entre el Estado y las pandillas, el potenciamiento de los cabecillas, su capacidad de comunicación e influencia sobre las estructuras bajo su mando, ha sido un elemento central de la estrategia.

Consecuentemente, la permisividad dentro del sistema carcelario salvadoreño ha llegado a su peor punto, como lo indican diferentes reportajes periodísticos sobre cómo los internos usan teléfnos inteligentes para acceder a las redes sociales y coordinar y ejecutar delitos. Afuera, pandilleros presentan cartas emitidas por los protagonistas de la negociación entre el Gobierno y las pandillas, con la finalidad de evitar ser capturados por crímenes cometidos.

La debilidad institucional del aparato de seguridad, evidente en las condiciones antes descritas, no sólo resulta atractiva para las pandillas, constituyen también el señuelo perfecto para cautivar la atención de grupos criminales transnacionales. Diferentes reportes elaborados en el extranjero, en congruencia con esta premisa, indican que en El Salvador ya operan organizaciones criminales de calibre mundial. La seguridad pública del país tiene que dar un fuerte golpe de timón inmediatamente, antes que los tentáculos del crimen organizado internacional no permitan maniobrar.

*Máster en Criminología y Ciencas Policíacas.

@cponce_sv

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