Los juegos amañados: ¿Hablamos de fútbol o de política nacional?

La palabra es exacta, "amañar"; el diccionario dice de ella: "preparar o alterar el resultado de algo para engañar a los demás y obtener un beneficio". Y esto es, precisamente, lo que un grupo de jugadores de la Selección Nacional de Fútbol de El Salvador ha hecho en varias ocasiones.

Hay un agravante en estos amaños, y es "jugar" con el entusiasmo, la entrega y voluntad de una afición que, sin escatimar esfuerzos, acompaña a una Selección Nacional, sobre todo cuando esta juega en Estados Unidos, o tiene alguna posibilidad de escalar una posición en alguna competencia internacional.

Los estrepitosos fracasos, tanto en la eliminatoria mundialista como en la recién pasada Copa Oro, en diversos escenarios de Estados Unidos, demuestran que el deporte preferido de los salvadoreños no sólo no alcanza el desarrollo de otras naciones vecinas, con poca tradición futbolística, como lo es Panamá, por citar un nombre, sino también pone en evidencia el atraso, la involución que nos permite aseverar, sin lugar a dudas, que de no haber un cambio drástico, en las próximas décadas seguiremos siendo el hazmerreír de la Zona Concacaf.

Sólo el apoyo de la afición a la Selección es lo que explica, porque no se puede entender de otra manera, que los mafiosos internacionales, los apostadores de carrera, se fijen en una selección débil, con poca o nula proyección, con jugadores sin fundamento adecuado, que participan en un campeonato poco competitivo y de bajo nivel, puedan ser "tentados" y "contratados" para amañar un resultado.

Cualquier apostador sabe que la Selección salvadoreña, tal como está, no es ganadora ni mucho menos logrará los primeros lugares de una competición; pero entonces, ¿por qué se amaña un juego?, simplemente para aumentar las apuestas con precisión en los resultados y, sobre todo, se juega con la variable de que se trata de un equipo que tiene muchos seguidores que se "ilusionan" con su "Selecta".

"Venderse por unos dólares" es criticable, pero "burlarse de los aficionados que se ilusionan con la Selecta" es casi un crimen que no podemos dejar pasar inadvertido.

Pero bien, no es mi interés levantar el dedo acusador contra los jugadores involucrados, mucho menos continuar con el tema con base en comentarios y declaraciones de unos y otros; mi planteamiento es mucho más amplio, esta realidad mostrada en nuestro fútbol no es más que un mero reflejo de lo que sucede en nuestro país. Tres cuestiones, al menos, sostienen este planteamiento: uno, la improvisación y la falta de trabajo a mediano y largo plazo; dos, la carencia de liderazgo sano que esté a la par del trabajo tesonero de los salvadoreños, y tres, la corrupción y los amaños como práctica cotidiana de una clase dirigente que ve en un puesto de dirección no una oportunidad de hacer las cosas bien, servir a los demás sino como un botín hurtado en la oscuridad que debe aprovecharse al máximo.

Estas deficiencias provocan, como ejemplo, que tengamos un puerto en La Unión, pero sin contar con el plan maestro ni mucho menos con la legislación que garantice su puesta en marcha. Están construyendo un nuevo sistema de transporte público que atravesará la capital y que, sin duda, se necesita desde hace años, pero que apenas vamos visualizando por "dónde pasará" y, por supuesto, no sabemos cómo ni con quiénes funcionará. Se nos presentan proyectos llamados "sociales de gran impacto", el vaso de leche, los uniformes y cuadernos, pero se han echado a andar con "donativos o préstamos" y han sido incapaces de ponerlos en el presupuesto ordinario. Los problemas de seguridad en El Salvador son graves, pero el máximo órgano de justicia está enfrascado en disputas de poca monta, que en nada contribuyen a solucionar los graves problemas de la Nación relacionados con los homicidios, extorsiones y robos.

En este contexto, no me extraña que la dirigencia de nuestro fútbol sea incapaz de despojarse de toda prebenda y contribuir decididamente a forjar generaciones de futbolistas formados integralmente (lo que incluye inculcar valores y principios éticos y amor a su patria), organizar campeonatos con altos niveles de competencia; propiciar y formar entrenadores que puedan dedicarse a esta labor a mediano y largo plazo. Generar espectáculos que entretengan sanamente a los salvadoreños. ¡Qué pena!

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*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com

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