La empresa privada y el gobierno

Se sabe que el gobierno es un pésimo administrador, y las actuaciones de los funcionarios que actualmente manejan la cosa pública, lo ha demostrado con creces. El gobierno del cambio destruyó programas acertados de gobiernos anteriores, para sustituirlos por otros destinados a beneficiar a las grandes mayorías.

En el nombramiento de los principales funcionario, no se consideró la meritocracia, como falsamente prometiera el presidente Funes, sino más bien su filiación partidaria, su desempeño en la guerrilla, el apoyo económico a la campaña, el compadrazgo, la cherada y el pago de favores. Pues para la mentalidad socialista que impregna totalmente el quehacer del gobierno del cambio, los cuadros pueden colocarse en cualquier posición, aunque no tengan idea de cómo desempeñar el cargo que recibieron como premio.

Y aunque los resultados de estos cuatro años sean desastrosos, continuamente, aquí y en el extranjero, el Frente sigue vanagloriándose de sus grandes logros, que continuarán en el próximo quinquenio, aunque los ciudadanos tengamos otra percepción. Ineficiencia e incompetencia notorias en funcionarios incapaces, lo que fácilmente se demuestra con los cuatro intentos fallidos en la focalización del subsidio del gas, con un gasto superior al que existía cuando todos los ciudadanos teníamos derecho a subsidio.

Otro desastre ha sido el establecimiento del cobro por tarjeta en el sistema de transporte público, que tan excelentes resultados ha dado en otros países y que aquí considerábamos una excelente solución, ya que podría comprarse la tarjeta con descuento para muchos viajes, en una misma dirección o en varias, o adquirirla con límite de tiempo. Las protestas de los usuarios son una evidencia del fracaso del sistema que el VMT y la empresa SUBES atribuyen a la ignorancia del pueblo, que no recibió suficiente capacitación e información para incorporarse a un sistema tan moderno.

Podíamos comparar esta situación, manejada por el Estado y empresas a su servicio, con el fenómeno que supuso hace unos año el ingreso masivo de la telefonía celular, ocurrida gracias a la tan satanizada privatización de ANTEL. ¿Qué inducción recibieron los usuarios salvadoreños para aprender a usar sus celulares, recargar sus tarjetas, y manejar sus saldos?

Más de seis millones de salvadoreños, de toda edad y condición usan perfectamente su teléfono móvil. ¿Cuál es la diferencia? La telefonía celular está en manos de empresas privadas, con años de experiencia, sistemas establecidos, con personal perfectamente capacitado para dar un servicio que sea accesible a todo público. En el caso de las tarjetas de los buses, la empresa SUBES es de muy reciente creación, en un país sudamericano, con muy poca experiencia, y trabaja con un VMT burocrático cuyos funcionarios han demostrado su escasa preparación para el desempeño del cargo.

Abundan las quejas de aumento en las tarifas por recorridos similares, falta de información sobre los lugares de adquisición de las mismas, posibilidad de comprarlas con mayor tiempo de duración, dudas sobre si se está pagando una membresía, ya que el saldo resulta menor que la recarga adquirida. Esto ha puesto, una vez más en evidencia, que el sistema del gobierno consiste en echar a andar leyes, proyectos y programas, que en la práctica son imposibles de llevar a cabo. Recordemos la LEPINA, la LAIP, la de Medicamentos, que entraron en vigor sin personal capacitado, sin experiencia y que en lugar de beneficios, han significado fuertes gastos que siguen hundiendo la economía en un profundo caos. Aunque seguimos escuchando pestes sobre la privatización, y alabando los modelos de Cuba y Venezuela, países en bancarrota pero con dirigentes millonarios.

*Columnista de El Diario de Hoy.