La mentira

En nuestra niñez aprendimos, por consejos de nuestros padres y los Mandamientos de la Ley de Dios, a abominar la mentira, considerándola una ofensa a Dios, a la dignidad de las personas, y una falta de respeto para las que nos escuchan, al considerarlas tontas, al no percatarse de que las estamos engañando. Y si fallan todas estas razones, el temor de que nos descubran, y quedar como farsantes, falsos, engañadores y otros calificativos mucho más bochornosos.

Pero a pesar de todo lo anterior, en nuestro país la mentira parece estar cobrando características de institucionalidad, al observar a funcionarios públicos del más alto nivel, lanzando tremendas mentiras, que no engañan a nadie, y pronto son desmentidas por entidades serias y de prestigio.

El programa sabatino del presidente Funes parece ser la cátedra donde la mentira goza de amplio espacio. Luego de su famoso retraso de 15 minutos a su audiencia con el Santo Padre, tranquilamente afirmó que no había llegado tarde, sino que el avión se había atrasado. Para respaldarlo, CAPRES comunicó que el presidente había llegado a la hora señalada, aunque ya la prensa internacional había comentado la falta garrafal al protocolo cometida por el mandatario.

Tras la cancelación de la anunciada visita del presidente Mujica, de Uruguay, vuelve el presidente a esconder la verdad, diciendo que la visita de Mujica a Cuba era por motivos de salud, lo que le impedía visitar El Salvador. Inmediatamente la cancillería uruguaya, y la médico personal de Mujica, advierten que este goza de perfecta salud, y los verdaderos motivos de su viaje a Cuba y de su cancelación de su visita a El Salvador.

Durante la larga lucha de Waldemar aferrándose a la vida, apoyado por ciudadanos de buen corazón, escuchamos una serie de medias verdades y completas mentiras de parte de las autoridades de Salud. Que no necesitaba el trasplante; un mes después, que sí lo necesitaba, pero era imposible enviarlo al extranjero. Y luego del fatal desenlace, afirmar que ya estaba listo un avión ambulancia que trasladaría al niño a un hospital extranjero para practicarle el trasplante. Y precisamente, el día de su entierro, el presidente hace saber que él ya había dado instrucciones al MISAL, que si no contaban con los recursos requeridos, CAPRES se haría cargo de correr con los gastos. ¡Bingo!

Aquí podrían aplicarse las moralejas de conocidas obras del teatro clásico, como "El Mentiroso" de Moliére, y "La Verdad Sospechosa", de Juan Ruiz de Alarcón, donde se exponen los peligros y consecuencias de la mentira, y se otorgan los calificativos más humillantes a quienes la practican, lo que debía de ser suficiente para no caer en semejante vicio.

La conocida recomendación: "Mentid, mentid, que de la mentira, algo queda", equivale a que por exagerada, increíble y dañina que sea una mentira, siempre habrá entre quienes la escuchan, personas ingenuas, ignorantes o crédulas, que la consideren verdadera, especialmente si procede de funcionarios, que por la dignidad de su cargo, deberían ser referentes morales de credibilidad y merecedores del respeto de los ciudadanos.

¿Qué argumentos podrán emplear los padres y maestros salvadoreños, para educar en valores, inculcando a sus hijos y alumnos la importancia de la verdad, como faro que debe iluminar nuestro camino, ante el conflicto que estos jóvenes van a enfrentar al escuchar las mentiras de quienes deberían dar ejemplo y causan escándalo? Recuerdo la frase de José Ramón Ayllon en su libro "Palabras en la Arena": "Es menos pesado llevar a un niño en brazos, que cargarlo sobre nuestra conciencia".

*Columnista de El Diario de Hoy.