El barril sin fondo

Por Manuel Hinds* Jueves, 18 de Julio de 2013

El gobierno ha gastado en subsidios casi 400 millones de dólares en los primeros seis meses del año. Si el gobierno sigue gastando a este ritmo, la cuenta que pagarán los contribuyentes será de 800 millones al año, 4 mil millones en un período presidencial. Nada indica que el gobierno, o los políticos en general, estén siquiera pensando en calmar esta hemorragia fiscal.

Esto plantea dos problemas: Uno es de pura sostenibilidad fiscal. Los impuestos actuales no alcanzan para pagar estos gastos, mucho menos su enorme tasa de crecimiento: del año pasado para ahora estos subsidios se han duplicado mientras la economía no crece. Para poder mantener este creciente derroche de dinero, habrá que subir continuamente los impuestos. Hasta ahora, el gobierno ha podido sostener la situación con unas cuantas medidas tributarias, porque los gobiernos anteriores le habían dejado una situación fiscal muy sana que le permitió subir la deuda del Estado a gran velocidad. Pero hay un límite a la deuda que el país puede contraer, y en ese momento habrá que disminuir los gastos, aumentar los impuestos o ambas cosas a la vez.

A mucha gente la engañan diciéndole que no se tiene que preocupar por los aumentos de impuestos porque esos sólo afectarán a los ricos. Este tipo de impuestos no existe. Cualquier impuesto lo paga el pueblo entero, sea porque lleva a aumentos de precios en las cosas, o porque lleva a más desempleo y sueldos más bajos. Cualquier impuesto al capital reduce la inversión, y, a través de esto, lleva a menos creación de puestos de trabajo y a menos compensación para el factor complementario al capital, el trabajo.

También hay gente que cree que estos problemas pueden eliminarse con algún milagro, como crear dinero e, inevitablemente, devaluarlo después. Las devaluaciones, sin embargo, no reducen sino aumentan los problemas de las deudas de los países en el exterior, ya que ésta está denominada en dólares y al devaluar la moneda local con respecto a los dólares el peso de la deuda aumenta proporcionalmente. Una devaluación es una rebaja de sueldo para el país entero. Si a usted le rebajan el sueldo, le resulta más difícil pagar sus deudas.

Así, pues, el gobierno ha puesto al país en una trayectoria que inevitablemente lo llevará a un doloroso ajuste fiscal.

Pero este no es el único problema. El otro es que este dinero se está desperdiciando cuando el pueblo tiene enormes necesidades esenciales que no se están llenando. ¿De qué le sirve a la gente que subsidien el gas si el sistema de salud del país no funciona, y cuando se enferma la acuestan en el suelo, y no le dan medicinas, y no la operan por falta de materiales esenciales, o le dan cita para dentro de un año? ¿De qué le sirve que subsidien a los transportistas si estos le proporcionan un servicio inseguro, insalubre en su apretujamiento, con motores que contaminan el ambiente grotescamente? ¿De qué sirven estos subsidios si los niños no aprenden lo que necesitan para salir de la pobreza y superarse como seres humanos?

El gobierno llama a estos gastos "inversión social", pero esto de inversión no tiene nada porque no da ningún rendimiento futuro. Es realmente un desperdicio.

La gente se pregunta por qué Costa Rica tiene un ingreso por habitante que es más del doble que el del resto de Centro América. Es porque ese país ha invertido en la educación y la salud de sus habitantes, no desperdiciando dinero en zapatos y vestidos, sino en mejorar la calidad de los servicios que da el gobierno.

Sólo piense en todo lo que usted podría hacer para mejorar la salud y la educación del país si usted contara con 4 mil millones de dólares en un quinquenio. Con esto usted podría posicionar al país como el líder en capital humano de América Latina.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.

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