OTROS EDITORIALES

"Si me suelto...me pierdo"

Por Eduardo Torres* Viernes, 5 de Julio de 2013

La crisis que se vive en el mundo exacerba el sufrimiento.

Hay crisis económica de grandes proporciones y por incongruente que parezca, se da en un mundo cada vez más materialista donde uno de los mensajes que prevalece es el tener --casi a cualquier costo, interpretan algunos-- sobre el ser. Es así porque hay crisis de principios y valores que bajo el paradigma de la "familia moderna", nos conduce a un desenfrenado relativismo que nos vuelve cada vez más insensibles ante las pruebas y necesidades de los demás y más proclives a caer en nuestras propias debilidades humanas.

Las pruebas, mientras tanto, continúan llegando a las personas, al interior de las familias. Desde la pérdida de seres queridos --quién de nosotros como padres, por ejemplo, no quisiéramos dar la vida a cambio de la de un hijo-- o qué decir sobre la prueba de la enfermedad, cuando se sabe de un caso más de cáncer; de una falla cardiaca o de un coágulo en la cabeza, por utilizar algunas de "las enfermedades del Milenio" que, según organizaciones internacionales de la salud son el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, cerebro-vasculares y las adicciones.

Para muestra un botón: ayer por la mañana pidió un párroco por una persona de 35 años, con tres hijos, a punto de ser operada de un cáncer en el páncreas. Por la tarde supe de otra persona cuyo pronóstico se le va volviendo más sombrío. Y qué decir de las pruebas de tipo económico, llámese pérdida de un trabajo, única fuente de ingreso en un hogar; la quiebra o el cierre de una empresa que según su tamaño será el número de fuentes de empleo que se pierden, con el respectivo sufrimiento humano. Hará unos quince años que me dijo un conductor de almas que la peor depresión que suele padecer un cabeza de familia es quedarse sin forma de poder llevar el sustento a su seno familiar.

"Estas crisis mundiales son crisis de (falta de) Santos", solía decir un Santo de nuestros días. Ayer, 5 de julio, aprobó el Papa Francisco los respectivos milagros para canonizar al Beato Juan Pablo II y para beatificar a Monseñor Álvaro del Portillo, primer sucesor de San Josemaría al frente del Opus Dei. El Papa también aprobó, en diferente proceso, canonizar a Juan XXIII --"el Papa Bueno", cuyo cuerpo permanece incorrupto en la Basílica de San Pedro--, avalando la propuesta de cardenales y obispos de la Congregación para las Causas de los Santos. Además, beatificará a otros 43 españoles asesinados por odio a la fe cristiana durante la Guerra Civil española.

La costarricense Floribeth Mora, quien sufría de aneurisma cerebral y cuya curación no pudo explicar la ciencia, dijo ayer en San José: "Yo soy el testimonio de que hay un Dios grande". Fue el suyo el segundo milagro, requerido para pasar de Beato a Santo a Juan Pablo II, "il Santo di tutti", como le llamó hace dos años "Il Messaggero" con motivo de su beatificación. "Busqué a Dios cuando estaba enferma", dijo ayer la señora en la Casa del Arzobispado de San José. "Ahora que estoy bien, sigo con Dios porque si me suelto de la mano del Señor, me pierdo". Qué mensaje más bello nos regala quien sin duda estuvo, como una vez le escuché decir a un amigo, "en la frontera del más allá".

En el dolor o en la sonrisa, en la precariedad o en la prosperidad, siempre es buen momento para intentar no perdernos. En especial en momentos de prueba.

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