OTROS EDITORIALES

¿Para qué sirvieron aquellos votos?

Por Marvin Galeas * Miércoles, 26 de Junio de 2013

Hace poco más de un año el electorado salvadoreño decidió otorgarle a ARENA la mayoría parlamentaria. Pero poco después, el nuevo establecimiento del poder político, decidió otra cosa. Poco a poco con métodos muy cuestionables (por favor no me vengan con esa puerilidad de presenten pruebas) el nuevo estamento del poder, decidió hacer caso omiso de la voluntad popular y la minoría se convirtió en mayoría.

En el medio se vino el intento del nuevo estamento bastante burdo de tomarse la Corte Suprema de Justicia, o más precisamente, la Sala de lo Constitucional, a punta de romper cerraduras de puertas y escritorios a martillazos. El cerco sobre la democracia, es decir la voluntad popular, ya se venía estrechando con todos los acontecimientos en torno al Tribunal Supremo Electoral y la Corte de Cuentas.

Los medios de comunicación, salvo honrosas excepciones, han venido claudicando en su función de ejercer una función crítica. No pocos entrevistadores, algunos periodistas, empleados directos de uno de los candidatos, han convertido las entrevistas en verdaderos eventos de relaciones públicas para el jefe y en sesiones de ataque para los adversarios. Eso es evidente. Se ve.

Lo que está ocurriendo no es lo que quería la gente. Y eso quedó claro con los resultados de las elecciones de alcaldes y diputados del año pasado. Esa elección fue la primera prueba para el gobierno de la alternancia. Lo expresado por el electorado en las urnas, mandó un claro mensaje a favor del equilibrio en el ejercicio del poder. Pero esa voluntad fue ignorada. De nada entonces sirvieron esos votos. Se trata de un nuevo tipo de fraude.

El argumento favorito de los voceros del partido oficial para explicar estos atropellos a la democracia es patético: "Eso es lo que hacía ARENA en el pasado, no vengan a rasgarse ahora las vestiduras". Con ello el FMLN expresa abiertamente que no representa ningún cambio. Que no solo es la continuidad de presuntos errores del pasado, sino que está dispuesto a magnificarlos.

Pero lo que está pasando frente a nuestros ojos, es el intento de montar el mismo esquema que está en vigencia en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Los gobiernos de esos países, surgieron, en efecto, de elecciones libres. Sin embargo lo que hicieron Chávez, Morales, Ortega y Correa, fue comenzar a desmontar de manera paulatina el sistema democrático.

Una vez ganado el gobierno, el guión es más o menos el siguiente: modificar la Constitución o cambiarla totalmente, establecer la reelección, copar el Poder Legislativo, someter al Poder Judicial, controlar plenamente el organismo garante de los procesos electorales, corromper periodistas, promover leyes mordazas, acosar a la oposición y ya, con todas esas ventajas buscar la reelección interna.

Ese es el guión. La voluntad popular es lo de menos. En las elecciones municipales de 2008, de acuerdo a denuncias muy bien documentadas, los sandinistas consumaron un monumental fraude. Mientras que en Venezuela, la última elección, totalmente controlada por el chavismo, los resultados fueron muy cuestionados. Ya casi nada queda de democracia en los mencionados países.

Los penosos movimientos que se han visto en la Asamblea Legislativa, son sólo la punta del iceberg de lo que realmente está ocurriendo: el intento de instaurar un régimen autoritario que se prolongue eternamente o poco más o menos. Lo triste es que, por ventajas coyunturales, muchos de los que antiguamente defendieron el sistema democrático, son aliados de los que lo están destruyendo.

El FMLN o en lo que se transformó esta organización, tras los Acuerdos de Paz, está firmemente decidido a ahorcar a la democracia, y varios "capitalistas", sobre todo desde algunos medios de comunicación, están participando ansiosos en la licitación por venderle la soga.

* Columnista de El Diario de Hoy.

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