Una sociedad sin padres

Por Mario Aguilar Joya* Miércoles, 26 de Junio de 2013

Una de las características más lamentables de nuestra sociedad es que las carencias físicas y/o emocionales de la imagen paterna es muy frecuente. Estudios de la Fundación Género y Sociedad indican que un 43% de las madres no solicitan el apellido del padre para sus hijos, ya sea esto por temor a agresiones o por considerar que el proceso legal es largo e infructuoso, resultando en familias que no cuentan con la presencia física del padre; de los hogares que "tienen padre" un gran porcentaje no cuentan con este en aspectos relacionados con el diario vivir.

No deberían existir los "padres sólo del fin de semana" o los "padres de las reuniones" o de las "fiestas de Navidad", padres que toman su responsabilidad únicamente en ocasiones y que se ausentan la mayor parte del tiempo. Se trataría de los famosos y tristemente célebres "padres virtuales". Padres viviendo en la realidad virtual de sus relaciones y obligaciones; padres que no profundizan en el tejido real de las emociones de sus hijos, ni comparten con ellos. La buena imagen de padre responsable no se construye verbalmente, ésta se construye con las enseñanzas diarias, el apego, el cariño demostrado y las interrelaciones que nacen de las buenas relaciones entre padres e hijos.

Las relaciones de padres e hijos desbordan una relación de amigos, virtud que sin lugar a dudas se debe inculcar, cultivar, convivir y que los hijos deben aprender directamente del trato continuo con su padre. Por esto es importante el establecimiento de vínculos paterno-filiales adecuados, que lleven consigo la formación de una personalidad madura y la seguridad que cuando los hijos crezcan mantendrán ecuanimidad en sus relaciones con otros y sobre todo con sus propios hijos. Por otro lado el estado deficitario de este vínculo podría conllevar a la conformación de personalidades resentidas, inmaduras y deficientes de auto estima, que poco pueden aportan en la construcción de relaciones sanas y duraderas.

La deuda paterna no sólo es a través del aspecto genético, el social ni en el jurídico a través del cumplimiento de las leyes; la deuda paterna es un compromiso completo que permite que los padres den a sus hijos una imagen de la persona íntegra y moral que este es y así crear un nexo apropiado o un ejemplo por seguir con la siguiente generación. Cuando los padres exigen de sus hijos lo que durante todo el tiempo que han vivido con ellos no han podido enseñar, se vuelve una paternidad irresponsable, que aun cuando no debe abordarse o enjuiciarse en forma aislada sí se vuelve una posición que se descalifica a sí misma.

La sentencia de honrar a los padres, sin lugar a dudas es explícita como una norma positiva de respeto, que nace de la identidad y obediencia que los hijos aprendieron de sus padres, pero también debe llevar el compromiso de los padres de cuidar a los hijos. En esta urdimbre de las relaciones del hijo con el padre se conjugan las personalidades de los que serán padres en el futuro, de manera que los padres de hoy tenemos el deber moral de realizar los esfuerzos para permitir el crecimiento no sólo psico-biológico, sino también el moral, afectivo y espiritual de los que hoy por hoy están a nuestro cargo.

*Doctor en Medicina.

aguilarjoya@yahoo.com

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