OTROS EDITORIALES

Preparación, preparación, preparación

Por María A. de López Andreu* Viernes, 21 de Junio de 2013

La preparación, en gran medida, determina el éxito o fracaso en toda circunstancia. Quienes aspiren a un cargo público, obligatoriamente, deberían prepararse para ello. Vemos, por ejemplo, cómo los empresarios dan gran importancia a su propia preparación y a la de sus sucesores. Muchos de ellos no se limitan a graduarse en ingenierías y ciencias económicas, sino, inclusive, añaden a sus estudios la Filosofía. Y eso, porque la Filosofía permite conocer mejor al ser humano, sus necesidades, aspiraciones y temores y da respuesta a sus dudas y preguntas, complementado así a las ciencias económicas, que deberían satisfacer muchas de esas necesidades.

Esa preparación permite descubrir y atender algunas de esas necesidades mediante la responsabilidad social empresarial (RSE), beneficiando tanto a los empleados propios, como a El Salvador entero. Pregunto: si un empresario, para administrar su negocio, se prepara tan bien, ¿no deberíamos exigir otro tanto a quienes pretenden manejar nuestro país, afectando la vida de casi siete millones de salvadoreños? ¡Claro que sí!

El empresariado global responsable busca el éxito económico a la vez que distribuye riqueza (moral y económica) a su alrededor y se capacitan para ello. Recientemente, en el Monasterio Benedictino del Valle de los Caídos, se recluyeron 132 abogados de la multinacional Mondeléz, para estudiar la Regla de San Benito en relación al liderazgo. Es imposible mencionar, por razones de espacio, las brillantes lecciones que allí recibieron, pero pretendo destacar cómo, a nivel profesional, se le está dando vital importancia a temas espirituales y religiosos, a fin de construir mejores empresas y sociedades, aplicando principios que han surtido magnífico efecto a través de los siglos.

Ideal sería que, tanto nuestros dirigentes empresariales como los aspirantes a políticos, participaran en actividades similares al seminario propiciado por los benedictinos del Valle; existen alternativas que podrían --y deberían-- explorar.

Por ejemplo, pocos empresarios (y menos políticos) conocen la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Ésta debería ser materia de estudio obligado en todas las aulas universitarias, de toda profesión. Ningún graduado debería desconocerla. Y, si los líderes sindicales trabajaran realmente por la superación de los trabajadores, botarían a la basura todos los manuales de sindicalismo, socialismo, comunismo, chavismo y ganguerismo, adhiriéndose a un solo texto: la DSI que, aunque es un texto oficial de la Iglesia Católica, es universal, no necesariamente confesional.

Igualmente las gremiales empresariales: deberían promover el estudio de la DSI entre sus agremiados, como un complemento indispensable a la actividad económica. Recordemos que la empresa se constituye mediante una escritura pública, con aporte de capital, etc. Pero eso no es la empresa: los seres humanos que allí dirigen, laboran, compran, atienden y le dedican al menos ocho horas diarias de su tiempo (muchas veces más que eso) SON la empresa. La DSI es una guía para el mejor desempeño empresarial y el crecimiento individual, aplicable a todo conglomerado, indistintamente de la religión que profese.

Los ciudadanos debemos exigir que el gobierno 2014/2019, efectivamente, practique la "meritocracia". Por eso, invito a los doctores Quijano y Portillo Cuadra a interesarse en conocer la DSI y, con su liderazgo y ejemplo, promoverla entre los políticos y en el empresariado; mucho servirá para elaborar un plan de gobierno que rescate a nuestro país de la debacle en que está sumido, iniciando con el rescate de nuestros valores patrios: Dios, Unión, Libertad.

*Columnista de El Diario de Hoy.

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