OTROS EDITORIALES

Las bases antes que la decoración

Por Sergio Rodríguez Ávila* Viernes, 17 de Mayo de 2013

Hace unos días una investigadora de los Estados Unidos, que se encuentra haciendo un estudio antropológico sobre El Salvador, me hizo las siguientes preguntas: ¿Cómo pudieras simplificar las ideologías, de manera generalizada, de El Salvador? Y le agregó, ¿cómo te ubicarías dentro de ese rango ideológico?

Ambas son preguntas que las respuestas dependen completamente del momento, es decir, las ideologías van cambiando en una sociedad, así como la de una persona. Nadie está condenado a creer que la "verdad" es una cosa, toda su vida, sino al contrario, lo que creemos y defendemos va madurando con los años.

Regresando a las preguntas, antes de contestarlas es necesario diferenciar a la sociedad salvadoreña en dos generaciones: la que no fue influenciada ideológicamente de manera directa por la guerra, y la que sí lo fue. Por la simple razón (generalizando) que la nueva generación no tiene en sí las cicatrices que pudo haber causado al prójimo el haberse estado matando por razones ideológicas.

Ella me dijo: pero, a todas luces, El Salvador es un país realmente polarizado. --Estoy de acuerdo, le respondo, pero la verdad es que El Salvador ha llegado al punto que la política ya no se rige por ideologías, sino más bien, por los que "están en contra y los que están a favor," y de esos se encuentran en todos los partidos políticos y espectros.

Es decir, en nuestro país, la discusión política en estos momentos no es sobre el libre mercado, la libertad en general, sino más bien desde los principios. La discusión por los últimos años es sobre si estás a favor o en contra de la democracia. Adicional a eso, si estas a favor o en contra de la corrupción.

Me preguntó: ¿Cómo puedes comprobarme eso? --Muy sencillo. Primero, el año pasado vimos sentados en una misma mesa a la ANEP y sus gremiales, con otras fundaciones y grupos de interés, junto a organizaciones declaradas de izquierda, defendiendo lo mismo: la democracia. Es decir, ha llegado a tal punto el debilitamiento de la institucionalidad de nuestro país, que el debate sobre el método de la distribución de las riquezas ha pasado a segundo plano. Esto es bueno por supuesto, pues una buena porción de la sociedad se ha dado cuenta de que están de acuerdo en las cosas más importantes.

Me comentó: pero me dijiste que hay personas que están a favor y en contra de la corrupción, no creo que eso sea posible. -Tiene razón, déjeme decirlo de otra manera. Más bien, en nuestro país, ha llegado a tal nivel el interés personal de la política en algunos sectores, no todos (existen buenos políticos y servidores públicos), que lo único que les interesa es protegerse ellos mismos. Es decir, en El Salvador, se ha llegado a tal nivel que están los que protegen sus propios intereses, sin importar las consecuencias que pueda tener en la población, y están aquellos que protegen los intereses de los que los eligieron.

Pero regresando a las preguntas originales, en mi país, a pesar de que claramente tengo una ideología, y la acepto con mucho orgullo, rara vez tomo mis decisiones o discutiría con una persona de acuerdo con aquella. Pues, últimamente nuestro país ya no tiene la dicha de basar su debate en ideologías, sino en las bases de su propia institucionalidad. Es decir, las ideologías en nuestro país no se han vuelto más que en pensar en la decoración de una casa, mientras no se tienen bases firmes para mantenerla sólida.

*Lic. en Ecomomía.

Columnista de El Diario de Hoy.

twitter:@SergioTotoR

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