Quien sólo tiene un martillo…

Hagamos un ejercicio teórico. Juntemos cinco personajes, que se encargarán de discutir el tema: "causas y soluciones para el problema de la violencia de pandillas en El Salvador". Contaremos con la colaboración de un político de derecha, uno de izquierda, un policía, un hombre religioso, un juez y el moderador.

Para el simulacro habrá que tener unos presupuestos: la violencia es más que los asesinatos diarios. También son parte de ella las extorsiones, el reclutamiento de niños y niñas para las maras, el terror como modo de controlar la gente en los barrios y colonias, etc. Además, supondremos que quienes analizan la problemática están bien intencionados, sin intereses personales ni partidarios en las soluciones que propongan.

La dinámica será sencilla: cada uno expondrá su opinión, y el diálogo quedará abierto para que el público haga preguntas. Comencemos.

El político de izquierda sostiene que la causa del problema es la exclusión social, la falta de oportunidades y una larga historia de dominio sobre la gente por parte de los dueños de los medios de producción, en quienes ven recursos humanos que habrá que aprovechar. Por ello--–explica-- que exime de responsabilidad personal a un ciudadano que cometa un delito, pues a fin de cuentas no tiene otra posibilidad para salir adelante. Hay que cambiar la sociedad, las personas no tienen la culpa de lo que les sucede. Y para ello, habrá que poner cualquier medio, incluso al borde de la legalidad.

El político de derecha, en cambio, achaca plena responsabilidad al delincuente, pues --según su forma de ver las cosas--, ha sido un vago y negligente que no ha sabido aprovechar las oportunidades que ha tenido en su vida. ¿Por qué, se pregunta, de todos los muchachos en las mismas condiciones socio económicas y educativas, sólo pocos ingresan a las maras y delinquen? Oportunidades, creación de empleo, educación y ganas de hacer bien las cosas: ese es el camino para salir de los problemas.

A su vez, para el hombre religioso las causas están muy claras: la pérdida del temor de Dios, la pérdida de la fe en Jesucristo, hace que las personas queden entregadas a las seducciones del mundo. La prueba está, dice, en que si todos aceptaran a Cristo como su salvador personal, nadie optaría por delinquir.

El policía, el único de todos los anteriores que ha tenido contacto directo con los delincuentes, opina que la solución es que los burócratas doten a la corporación policial de más y mejores equipos, de más y mejor personal. "Si nos dieran lo que necesitamos, a pesar de las dificultades, en pocas semanas tendríamos las calles limpias de delincuentes"… parece pensar. Eso sí, dando por supuesto de que los jueces se pondrían las pilas y no dejarían libres a los delincuentes por medio de argucias jurídicas. Mano dura, disciplina, trabajo, colaboración de los jueces: esa es la solución.

Una reforma de ley, una nueva manera de tratar el crimen. Impunidad, sensata impunidad vendría a ser la solución que el juez propone. La verdad, es que está cansado de lidiar con leyes que por ambigüedades o incapacidad de los fiscales le obligan a dejar en libertad a personas que claramente deberían pagar por sus crímenes… El problema es la inadecuación del código penal, la solución una reforma a profundidad.

El moderador, después de escuchar las cinco opiniones, abre el foro a las intervenciones del público y, a modo de introducción atina a decir: señores, no hay duda de que el dicho es sabio: "quien sólo cuenta con un martillo para hacer su trabajo, no es extraño que a todo le encuentre cara de clavo…" ¿tienen alguna pregunta?

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org

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