¡Hagamos de los pequeños… GRANDES!

Cada amanecer nos presenta la oportunidad de evolucionar, de crear, y de construir..., cada día tenemos entre nuestras manos un lienzo en blanco en el que podemos pintar una nueva y mejor historia.

Existen tantas oportunidades en nuestra vida que abonan para mejorar las condiciones de nuestro país, y hoy quisiera enfocarme en una de ellas: la necesidad de fortalecer al micro y pequeño emprendedor salvadoreño y el aumento de la producción nacional.

Nuestro país es la suma de todos los hermanos y hermanas salvadoreños, ninguna vida vale más que otra, por ende, si nos olvidamos de algunos se genera retraso económico y social para todos, lo cual se traduce como desigualdad y desventaja competitiva ante las naciones en desarrollo.

Los que tenemos el privilegio de hacer una diferencia tenemos que trabajar en desarrollar oportunidades para los más necesitados, y así cimentar una base social sólida para construir una economía sostenible de largo plazo, que pueda generar más prosperidad para más salvadoreños. En fin, hay que fortalecer la base de la pirámide si queremos que no se derrumbe.

Para que esto se dé todos los sectores activos de nuestra sociedad tenemos que partir de una visión compartida. Una visión donde el gobierno, empresa privada y los ciudadanos veamos la necesidad de progresar como país bajo condiciones de igualdad con oportunidades equitativas para todos.

¡Se necesita más patriotismo! En un mundo cada vez más competitivo es necesario ayudar primero a nuestra familia, a la familia salvadoreña y sobre todo a los más pequeños. Son ellos los que suman los números más grandes, los que están mejor posicionados para convertirse en la pólvora que dinamiza el desarrollo económico y social de nuestro El Salvador.

No se necesita regalarle nada a nadie, al contrario estos emprendedores son personas que quieren oportunidades para trabajar y producir. Lo que necesita el sector agrícola, los ganaderos y el sector de pesca, es que se les abran las puertas, pues la voluntad y la laboriosidad es lo que les sobra.

Hay que darles la mano para que conozcan y se inserten dentro del mercado formal, pues eso traerá progreso no sólo para ellos sino para todo el país. Con estas puertas abiertas serán ellos también capaces de tenderle la mano no sólo a sus familias y amigos sino que serán un ente multiplicador del progreso y desarrollo económico y social para la nación.

Como país, necesitamos brindar capacitación, asesoría e inversión a esos pequeños productores. Hay que apostarle a la adjudicación de préstamos realmente accesibles, con bajas tasas de interés, atracción de programas de capacitación y asesoría adaptada a las necesidades de nuestra gente, gente emprendedora que lucha cada día por salir adelante y brindarle mejores oportunidades a sus familias.

Como empresa privada formal nuestra tarea es asesorarlos y mostrarles el camino para facilitar los procesos en los cuales los emprendedores puedan desarrollar sus proyectos con altos estándares de calidad y sintiéndose confiados que sus producciones no quedarán perdidas, sino todo lo contrario, deben saber que hay un mercado seguro al que pueden proveer.

Tenemos que estar conscientes de la necesidad de tender una mano a esos pequeños emprendedores, no verlos como una competencia sino al contrario como un socio estratégico; a quienes les abrimos las puertas a oportunidades, permitiéndoles desarrollarse como iguales. Hay que ver cómo contagiamos a más hermanos y hermanas del sector privado para que compartan esta visión, por nuestra parte lo estamos haciendo y somos testigos que dándole la mano a estos pequeños emprendedores dinamizamos la economía de la nación.

Como consumidores, tenemos que apoyar el producto nacional, exigir y preferir más de lo nuestro. La demanda rige la oferta, por ende el consumo de productos nacionales tiene que nacer del gusto de nuestro pueblo. ¡Compremos producto HECHO EN EL SALVADOR!, porque con ese pequeño paso nos convertimos en dinamizadores de la economía de nuestro país.

Recordémonos de una de las más grandes lecciones que Dios nos ha dado: "AMA A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO". El abandono de nuestros hermanos en la pobreza es nuestro peor enemigo como nación. Por eso tenemos que seguir el camino de la equidad, pues si bien es cierto cada uno somos diferentes en nuestro aspecto físico o en nuestras ideologías, al final del día todos somos iguales, somos hijos de Dios, salvadoreños, con la misma capacidad moral, con los mismos derechos y libertades; deseosos de mejorar y construir una nación que podamos heredar a nuestros hijos, en la que sepamos que ellos tendrán igualdad de condiciones y justicia social, donde se les permita nacer y vivir con oportunidades.

*Empresario salvadoreño.