OTROS EDITORIALES

Iniciativa de prevención de violencia sexual

Por William Hague* Lunes, 29 de Abril de 2013

Muy a menudo, el mundo busca ponerle fin a un conflicto y reconstruir sociedades devastadas por la guerra, sin abordar las razones que hacen que la reconciliación sea tan difícil y que pueden contribuir a una violencia renovada. Las violaciones y la violencia sexual durante el tiempo de guerra es una de esas razones.

Hace unas semana visité la República Democrática del Congo, y me entregaron una fotografía de una niña de cinco años que había sido violada. Mientras me movía de campos de refugiados a hospitales y reuniones con personas luchando por justicia, escuché más y más terribles historias de vidas destruidas, mujeres excluidas de sus familias, familias separadas y víctimas dadas las enfermedades mortales luego de ser atacados cuando buscaban leña. Y todo esto mientras los perpetradores continúan sus "vidas normales" bajo la protección de una impunidad vergonzosa.

En muchos de los más grandes conflictos de los últimos 20 años, desde Bosnia hasta Ruanda, y desde Libia hasta Sierra León, la violación ha sido usada como un arma deliberada para lastimar a opositores políticos o a grupos étnicos o religiosos. Las cicatrices infringidas no se curan fácilmente, y nunca desaparecen. En cambio, ellos a menudo destruyen familias y corroen las comunidades.

Tristemente, la misma historia se repite una vez más hoy en Siria, donde existen reportes horribles de civiles siendo violadas y torturadas, y violaciones siendo cometidas con la intención deliberada de aterrorizar a los oponentes políticos.

Responder a este reto es nuestra responsabilidad como líderes políticos de estados democráticos que creen en la dignidad humana. Tenemos que intentar detener este abominable crimen que ha afectado a tantos, y trabajar para erradicar el uso de la violación como un arma de guerra. Esta no es tarea fácil y existen muchos obstáculos.

En primer lugar, existe el temor y la vergüenza de las mismas víctimas. Comprensiblemente, a menudo se resisten a presentarse debido al estigma asociado a la violación. Esta resistencia es entonces empeorada por la falta de apoyo de sensibilidad física y sicológica disponible para las víctimas.

En Segundo lugar, existe la dificultad de recolectar evidencia que puede ser utilizada en casos judiciales, lo que significa que son pocas las sentencias condenatorias que se hacen efectivas. Desde 1996, hasta 500,000 mujeres han sido violadas únicamente en la República Democrática del Congo, y sólo una pequeña fracción de estos casos termina en la Corte. Esto sólo refuerza la cultura de la impunidad.

Tercero, las violaciones suelen ser tratadas como un problema secundario por la comunidad internacional cuando se responde al conflicto. Como resultado, los sobrevivientes son abandonados, los fondos son insuficientes o simplemente retenidos, y los perpetradores vagan libremente.

Finalmente, no existe suficiente apoyo de parte de las agencias de las Naciones Unidas, organizaciones locales y defensores de derechos humanos, quienes están asistiendo a los sobrevivientes en el terreno. Como resultado, son insuficientemente financiados y se enfrentan a verdaderas dificultades para responder efectivamente.

Todas estas son barreras que pueden y deben ser superadas.

Estaré pidiendo a mis compañeros cancilleres miembros del G8 acordar una declaración política histórica, que marque nuestra voluntad común de trabajar para poner fin a la violencia sexual en los conflictos armados, para hacer frente a la falta de responsabilidad que existe para estos crímenes brutales, y para asegurar un apoyo integral para las víctimas.

Busco a una amplia serie de compromisos prácticos que incluyen el reconocimiento que la violación y la violencia sexual son graves infracciones de los Convenios de Ginebra; una mayor financiación y apoyo a largo plazo para los sobrevivientes y el apoyo a un nuevo Protocolo Internacional que establecerá las normas acordadas para investigación y documentación de la violencia sexual.

Estas medidas están diseñadas para mejorar la recopilación de pruebas y llevar a más enjuiciamientos, que facultarán a los sobrevivientes a presentarse, y se asegurará de que las víctimas reciban el apoyo a largo plazo que necesitan para reconstruir sus vidas con dignidad.

Pero esto es sólo el comienzo. Vamos a utilizar el apoyo del G8 como base para construir una fuerte coalición internacional contra la violación en tiempos de guerra y de la violencia sexual en los conflictos, en la ONU y más ampliamente.

El G8 representa a algunas de las economías más grandes del mundo, con gran proyección internacional y la influencia combinada. Cuando sus miembros se unen en esfuerzo común, son capaces de lograr un cambio real y duradero en el mundo.

Ese cambio duradero será comenzar un proceso encaminado a poner fin a uno de los aspectos más devastadores de la guerra moderna, y hacer frente a una de las razones principales por las que es tan difícil para las comunidades volverse a juntar después de los conflictos. Es nuestro deber como líderes políticos de los países libres y seres humanos romper la impunidad de aquellos que utilizan la violación como arma de guerra, y asegurarse de que sus víctimas nunca más sean abandonadas.

*Canciller británico.

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