4/15

Nueva York 9/11, dantesco e inconcebible ataque a las Torres Gemelas. España 11M, la marcha es interrumpida por bombas en su capital. Londres 7/7, la monarquía Inglesa es sacudida por explosiones en los clásicos buses "double decker" y en el "tube". Boston 4/15, frenazo abrupto a la celebración más importante de la ciudad: El Boston marathon.

Quién sabe qué motivó a las mentes podridas, de la más reciente barbarie terrorista, al aparecer en las primeras planas de todo el mundo, justo en Patriot's Day, el feriado del Estado de Massachusetts, observado el tercer lunes de abril.

Feriado en conmemoración de la histórica advertencia: "Los ingleses se acercan", que en 1775 hizo el patriota Paul Revere, gracias a la cual la tropa de la colonia logró la victoria en la batalla de Lexington. ¡Independencia a la vista!

Patriot's Day es también conocido como Marathon Day, pues, desde hace 117 años, se corre en Boston la maratón más antigua del planeta, la más importante de las 5 grandes, que además incluyen a Berlín, Chicago, Londres y Nueva York. Todas, sinónimo de disciplina y sacrificio, pues requieren de al menos 16 semanas de arduo entreno. ¡Pero sí que vale la pena!

Cuenta la leyenda, que la maratón se originó antes de Cristo, cuando el soldado griego Pheidippides corrió los 42 kms. 195 metros de distancia, entre la Batalla de Maratón y la ciudad de Atenas, con la misión de anunciar que los persas se habían rendido.

Para celebrar la victoria griega, se llevó a cabo la primera maratón en las Olimpíadas de Atenas de 1896. Para conmemorar la victoria de Lexington, 18 participantes corrieron en 1897 la primera maratón de Boston, en Patriot's Day. Todo azul, hasta este año.

No cualquier corredor llega a la Joya de la Corona. A diferencia de otras maratones, es necesario clasificar (en otra maratón oficial), cruzando la meta, en tiempos casi de gacela, que varían según la edad.

Las buenas vibras de Marathon Monday, contagian a casi 30,000 corredores, entre los que se encuentran los pesos pluma de Kenya y Etiopía, en busca del premio gordo de $500,000. La euforia también contagia a más de medio millón de espectadores y voluntarios (sin contar la televisión y Youtube audiencia). Sonrisas sinceras, galios colorados y manos amigas que, a lo largo de las 26.2 millas entre Hopkinton y Boylston, empujan e hidratan las endorfinas en las venas de corredores de más de 90 países.

A medio camino las chicas de Wellesley College, gritan a todo pulmón y dan besitos de fuerza a corredores guapos. En el kilómetro 32, cuando las reservas de glicógeno llegan a empty, cae del cielo un gel de 25 gramos carbohidrato, gasolina necesaria para subir la cuesta bautizada "Rompecorazones". Nada qué ver con romance, a no ser que el beso de Wellesley te haya dejado pasmado.

Una vez superada esta barrera, es cuestión de soltar las canillas, respirar hondo y no dejarse influenciar por corredores acalambrados o platicando con huuuugo. El poder de la barra anima, la meta está a la vuelta de la esquina.

Este año, los bombazos también estaban a la vuelta de la esquina y, de un momento a otro, la alegría se convierte en pesadilla. Un cobarde acto que nos llena de coraje y melancolía, pero también de esperanza y orgullo. Qué valentía la de los héroes anónimos que arriesgaron su propio pellejo, conteniendo la sangre, consolando al herido. Qué reacción más oportuna la de los profesionales de salud y del orden. ¡Los corredores del mundo nos quitamos el sombrero!

Después del 15 de abril aplano las calles de San Salvador, más rápido que de costumbre, en tributo silencioso a las victimas que murieron o fueron mutiladas en Boston. En desafío a los dementes que pretenden interrumpir nuestra fuente de juventud. En reconocimiento a las autoridades y ciudadanos que, con el mismo espíritu del patriota Revere, lograron acorralar a los terroristas en tiempo récord.

Propongo observar un minuto de silencio, previo al inicio de futuras maratones, en honor a las sonrisas sinceras, galios colorados y manos amigas, víctimas del 4/15. Y fieles al espíritu del maratonista Pheidippides, no dejemos de mover el esqueleto. Movámoslo con energía… por Boston.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com

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