La cruzada por la verdad de Roberto d´Aubuisson

La semana pasada sucedió un hecho político audaz, de obligado comentario, que ocupó titulares de noticieros, luego de la infamia pública del presidente Maduro sobre un supuesto complot para atentar contra su integridad física. Su canciller, Elías Jaúa, señaló a la derecha salvadoreña y norteamericanos como cabecillas del complot. Entre ellos el diputado Roberto d´Aubuisson.

La patraña era para consumo interno venezolano, en la tensa campaña electoral impregnada de "realismo mágico", propio del mítico Macondo de 100 años de Soledad.

El candidato oficialista ensayó cualquier subterfugio para mantener la masa votante que con populismo y estilo sui géneris acumuló Hugo Chávez. Quien, dicen, a la postre gobernó desde cuidados intensivos. Dejando como sucesor a su hombre de confianza antes de abordar su último avión a Cuba.

Y el realismo mágico siguió post mortem. Maduro, informó al mundo que el cáncer fue inyectado. Que el cuerpo fue imposible embalsamarlo, sin decir que a causa de postergar el anuncio oficial del deceso. El culto comunista, como el hecho a Lenin, Ho Chi Min y Mao, se frustró.

El delfín venezolano informó que el comandante intercedió ante Jesús para un primer Papa latinoamericano. Si las pudo para la elección Vaticana, más fácil sería con la venezolana.

Y este realismo mágico en el mundo mítico del ALBA llegó al clímax con el canto del pajarito. El presidente intercambió trinos con el espíritu del mentor. En nuestro país, nadie imagina al primer mandatario trinando. Ni como pajarito, ni como presidente.

Venezuela inició esta semana con la posición oficial del CNE de que Maduro logró la victoria. Con 7.5 millones de votos (50.66%); 700 mil menos de los 8.2 millones (55.07%) que obtuvo Chávez ya desahuciado. Capriles acumuló 7.2 millones de votos (49.07%), número superior a los 6.7 millones (44.31%) de octubre.

Triunfo oficial pírrico. Más de un millón de venezolanos dejaron de creer en las mentiras del realismo mágico. Venezuela exige hoy recuento.

¿Y qué lección nos dejó esto a los salvadoreños?

Aquí todos conocemos a Roberto d´Aubuisson. En Venezuela, a cualquiera le daban atol con el dedo con esa grabación, única prueba de falsa acusación. Audazmente el valiente diputado, como todo un d´Aubuisson, sin importarle lo acalorado de la campaña electoral venezolana fue a dar la cara, a explicarle al pueblo venezolano que su don ha sido siempre la palabra y que el arma de los hombres y mujeres libres es el voto. Hoy todos sabemos quién miente. derechas e izquierdas. Aquí y allá.

Y qué esperar de algunos funcionarios salvadoreños, que incluso se atrevieron a ofender la memoria de un difunto, sin miedo a que "les jale las patas en la noche". Se prestaron a la difamación chavista, ordenaron investigación sobre grabaciones hechas sin autorización de juez. Y ante la verdad, hoy guardan silencio vergonzante.

Lejos están de aquellos estadistas que dieron ejemplo de orgullo nacional en las cumbres iberoamericanas, como el presidente salvadoreño que cara a cara le dijo al caudillo comunista de entonces: "Pero que usted, me acuse a mí en este foro, de que yo tengo responsabilidad en el caso de Luis Posada Carriles, después de que usted, tuvo tan cruel, sangrienta e inaceptable responsabilidad en la guerra de El Salvador, es totalmente intolerable".

O la gallardía del Rey Juan Carlos de España, cuando increpó: ¿Por qué no te callas? al supuesto heredero de Fidel.

Esas dotes de estadista ni por asomo las vemos en las cabezas calientes del Ejecutivo o del Legislativo, alineadas con el hijo postizo hoy ridiculizado por la actitud valiente y gallarda del diputado d´Aubuisson, al ir hasta su patio a ponerle las cosas claras.

* Colaborador de El Diario de Hoy.

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