Algunas ideas del papa Francisco

Por Luis Fernández Cuervo* Domingo, 14 de Abril de 2013

Circulan por Internet una serie de comentarios admirativos sobre el papa Francisco insistiendo una y otra vez en su sencillez, su humildad, su austeridad de vida, el viajar en transportes públicos, etc. Me parece bien, aunque me pregunto: ¿Juan Pablo II y Benedicto XVI no eran también humildes? ¿No eran sencillos? ¿El cardenal Ratzinger no llegaba a pie todos los días al Vaticano desde su cercano y sobrio domicilio? ¿Juan Pablo II no invitaba a almorzar a otros sacerdotes como también lo hace Francisco?

A mí esos detalles, aunque buenos, me parecen muy secundarios. En cambio me parecen muy reveladores otros puntos. Así, su visión de la Iglesia, de los laicos, del matrimonio y de la Curia.

Él quiere una iglesia de puertas abiertas para salir y llenar de Evangelio la calle y la vida de los hombres de nuestro tiempo. "No podemos permanecer en un estilo 'clientelar' que, pasivamente, espera que venga 'el cliente', el feligrés, sino que tenemos que tener estructuras para ir hacia donde nos necesitan, hacia donde está la gente, hacia quienes deseándolo no van a acercarse a estructuras y formas caducas que no responden a sus expectativas ni a su sensibilidad. Tenemos que ver, con gran creatividad, cómo nos hacemos presentes en los ambientes de la sociedad haciendo que las parroquias e instituciones sean instancias que se lancen a esos ambientes. Revisar la vida interna de la Iglesia para salir hacia el pueblo fiel de Dios. La conversión pastoral nos llama a pasar de una Iglesia 'reguladora de la fe' a una Iglesia 'transmisora y facilitadora de la fe".

Dentro de esa intención está también su visión del papel propio e indispensable de los católicos laicos que está en la santificación de su vida diaria y del trabajo bien hecho, no está dentro de la parroquia cumpliendo labores de servicio a los sacerdotes. Con cierta ironía dice: "Los curas clericalizan a los laicos y los laicos nos piden que les clericalicemos… Es una complicidad pecadora. Y pensar que podría bastar el bautismo. Pienso en aquellas comunidades cristianas de Japón que se quedaron sin sacerdotes durante más de doscientos años. Cuando volvieron los misioneros vieron que todos estaban bautizados, todos válidamente casados por la Iglesia y todos sus difuntos habían tenido un funeral católico. La fe había permanecido intacta por los dones de gracia que alegraban la vida de estos laicos que habían recibido solamente el bautismo y habían vivido también su misión apostólica en virtud del bautismo".

Su sentido sobre el matrimonio actual es claro y duro: "está en juego la identidad, y la supervivencia de la familia: papá, mamá e hijos. Está en juego la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano privándolos de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre. Está en juego un rechazo frontal a la ley de Dios, grabada además en nuestros corazones. No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una movida del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios".

En cuanto a la Curia romana: "Yo la veo y la vivo como un organismo de servicio, un organismo que me ayuda y me sirve. A veces llegan noticias no tan buenas, a menudo ampliadas y a veces manipuladas con amarillismo. Los periodistas a veces corren el riesgo de enfermarse de coprofilia y fomentar de esta manera la coprofagia: que es el pecado que marca a todos los hombres y mujeres, es decir el de ver siempre las cosas malas y no las cosas buenas. La Curia romana tiene defectos, pero me parece que se subraya demasiado el mal y demasiado poco la santidad de tantísimas personas consagradas y laicas que trabajan allí".

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

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