OTROS EDITORIALES

El resultado de más de un año de negociación

Por Carlos Ponce* Martes, 9 de Abril de 2013

Durante las últimas semanas, a través de diferentes incidentes, las pandillas han exhibido abiertamente el poder e influencia que han logrado alcanzar en los últimos años. La instrumentalización política de la seguridad pública se ha encargado de facilitarles la consecución de su actual estatus, facilitando las condiciones para propiciar la evolución y fortalecimiento de sus estructuras criminales. Las autoridades, con la finalidad de justificar y vender su ficticia versión sobre la negociación que han entablado con las pandillas, se esmeran por proyectar una idea equivocada sobre el alcance y nivel de desarrollo de estos grupos. No obstante, la progresivamente intensa incursión de las pandillas en delitos cada vez más lucrativos y complicados, se encarga de desvirtuar la imagen sugerida por los funcionarios de seguridad. Además, algunos hechos recientes evidencian el poder pandillero.

Las recientes festividades de Semana Santa, por ejemplo, fueron marcadas en el oriente del país por el homicidio de Carlos Alberto Guardado, alias "El Ruso", presunto cabecilla de la pandilla 18. El asesinato se perpetró en la colonia Belén de Conchagua, La Unión. Según consigna la nota de este periódico, la escena del homicidio fue "acordonada por pandilleros armados", quienes no permitieron que los periodistas, policías, fiscales y médicos forenses realizaran su trabajo con normalidad. La inusual situación, de acuerdo al reporte periodístico, llegó a tal extremo que los policías tuvieron que llamar refuerzos y negociar la entrega del cadáver.

A pesar de lo grave de este incidente, no es el único en el que pandilleros han decidido intencionalmente obstaculizar el trabajo de la Policía y condicionar la forma en que éste se realizará. El 28 febrero, un contingente de la Unidad del Mantenimiento del Orden (UMO) ingresó al centro penitenciario de San Francisco Gotera, con la intención de ejecutar la primera requisa desde que se puso al descubierto la negociación entre el Gobierno y las pandillas. No obstante, sólo pudieron registrar algunas celdas, ya que los pandilleros no permitieron que ingresaran a todos los sectores. El limitado registro resultó en el hallazgo de varias decenas de teléfonos celulares.

La influencia y poder de las pandillas también se evidencia en el reciente cambio masivo de custodios de ese mismo presidio. Según reportó este rotativo, durante una reunión privada, en la que participaron cabecillas pandilleros de la MS-13 y el Inspector General de la Dirección General de Centros Penales, las autoridades penitenciarias accedieron a cambiar a todo el personal por acusaciones hechas por los internos sobre presuntos robos.

Estos casos indican el tratamiento preferencial que el aparato de seguridad da a las pandillas. No conozco otra estructura criminal en el país que haya logrado acordonar una escena de homicidio, evitar que la UMO realice su trabajo o que se cambie a los custodios de un centro penitenciario. Sin embargo, estos hechos no sólo muestran lo poderosas e influyentes que son las pandillas, sino que también la completa sumisión de las autoridades, que obvian procedimientos y actúan con completa negligencia.

Estos tristes incidentes son apenas una muestra de la decadencia del aparato de seguridad y del verdadero poder que han acumulado las pandillas en este año de negociación entre las estructuras criminales y el Estado. Bajo estas condiciones, me preguntó ¿cómo estará El Salvador, de seguir las cosas como están, después de otro año más?

*Máster en Criminología y Ciencas Policíacas.

@cponce_sv

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