Gotas y rutinas

Al tomarnos el tiempo para analizar aquellas cosas negativas que nos rodean, nos damos cuenta que al final nuestros problemas son muchas veces superficiales. No es que no sean importantes, pero de manera global, cada persona representa un porcentaje tan bajo del total de la población mundial y aún menos en la historia de la humanidad, que vuelve nuestros problemas personales insignificantes.

Pensar lo anterior es pesimista, como que si no sumamos como individuos (porque sí valemos, y mucho), pero el análisis no deja de tener algo de cierto. A la vez, nos hace pensar cuántas personas a través de los años, siglos, milenios, han cambiado su entorno de manera positiva, sin que tal vez nadie más que las personas alrededor de él o ella se hayan enterado. Cualquier cosa positiva, así como negativa, que pueda hacer un ciudadano común y corriente no dejará de ser algo minúsculo. Sin embargo, cada vez que alguien deja de hacer algún acto bueno para ella misma, su familia, o la sociedad en general, el mundo deja de ser mejor por una cantidad directamente proporcional al valor y efecto que tenía el acto.

Como tema aparte al anterior pero de alguna manera relacionado, personalmente no es que sea un gran deportista, incluso el tamaño de la cintura de mi pantalón sugiere completamente lo contrario; pero siempre me ha llamado la atención cómo el cuerpo se puede llegar a acostumbrar a una "rutina de pesas". Si vas al gimnasio, sabrás que si te dedicas a trabajar los mismos músculos, con las mismas posturas y máquinas, poco a poco terminarás la rutina con menor esfuerzo pero a la vez, debido a que el cuerpo se va acostumbrando, el ritmo en el que los resultados físicos positivos van aumentando, disminuyen marginalmente. Cualquier entrenador recomendaría cambiar de posturas, máquinas y aumentar peso rutinariamente, para que el cuerpo sea continuamente retado y entonces el mismo irá desarrollando el músculo buscado.

Ambos análisis se relacionan a la situación que está viviendo nuestro país. Los salvadoreños no estamos dispuestos a hacer las gotas, desde manejar bien hasta uniéndonos para exigir no que los políticos saquen al país adelante (esa labor es de la sociedad en general), sino para que busquen lo mejor por la sociedad que gobiernan; si no quieren gobernar de manera correcta, entonces que no sean políticos; si quieren ser políticos, y aún así no gobernar de la manera correcta, entonces tenemos que unirnos y no detenernos hasta que acaben en la cárcel.

A pesar que a veces cuesta reconocerlo, nuestro país ha mejorado de muchísimas maneras en comparación a hace unas cuantas décadas. Hoy por lo menos no estamos matándonos por ideologías. Sin embargo, la generación que le tocaba hacer crecer el músculo del país, les pasó lo de la rutina en el gimnasio.

La generación que vivió la guerra durante su niñez y adolescencia, los primeros con la oportunidad de desarrollarse en paz en la post guerra, tuvieron que haber tomado las riendas del país pero se conformaron con la rutina. Buscaron crecer profesional y económicamente, pero hoy los beneficios que lograron no son suficientes para que el país continúe creciendo simplemente porque no quisieron cambiar de posiciones, máquinas, trincheras, por el temor a que el próximo día amanezcan un poco mallugados.

Debe haber un relevo generacional en la cultura política, pero esa nueva generación debe estar dispuesta a asumir los dolores de cabeza y músculo que estos cambios de rutina traerán para ellos mismos y para el país, pero al final, los resultados serán los que el país necesita.

*Lic. en Ecomomía.

Columnista de El Diario de Hoy.

twitter:@SergioTotoR