La Semana Santa y la secularización

Por Jaime Ramírez Ortega* Miércoles, 27 de Marzo de 2013

Casi siempre que se acerca la conmemoración de la Semana Santa, la mayoría de salvadoreños tiende a confundir lo que esto verdaderamente significa. De manera que se cree que son unas merecidas vacaciones con bailes eróticos en fiestas paganas, con excesos en la ingesta de bebidas embriagantes y consumo de drogas; otros lo celebran yéndose de viaje, gastando lo que no tienen o qué decir de los que se oponen a todo con el fin de justificar su poca dadivosidad con su familia.

De modo que el verdadero significado de la Semana Santa, no es como lo plantea en pleno Siglo XXI el secularismo, que sólo apela a la vanidad, a los deseos de la carne y a la vana gloria de la vida. Recordemos que la Semana Santa es la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro glorioso Señor Jesucristo. Por ello es importante reflexionar de cómo estamos actuando y cuál es el trato con nuestros semejantes.

Una de esas reflexiones la encontramos en el evangelio según San Juan, en su capítulo tres, cuando Nicodemo, llega noche a buscar a Jesús, dado que tenía una carga enorme en su corazón con respecto de la vida eterna. Y lo primero que le dice: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tu haces si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: de cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere del agua y del espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. En este diálogo vemos que Nicodemo aun siendo fariseo y principal, buscó a gritos una respuesta, que no había podido ser evacuada por la religión judía.

Ya que ellos conocían la ley mosaica y se jactaban de su práctica, pero se les olvidaba la misericordia, la justicia y el amor hacia el prójimo, como las viudas, los huérfanos y los extranjeros, posiblemente esto mismo nos ocurre a muchos salvadoreños, que estamos más preocupados por divertirnos y darle rienda suelta a los instintos, y tratamos de aplacar la conciencia con un poco de religiosidad, yendo a un culto o a una misa.

Medio hablamos con Dios, sólo para librarnos de la carga emocional que representa el saber que no se está haciendo el bien. Incluso damos la ofrenda a la iglesia para sentirnos mejor, pero muy dentro sabemos que necesitamos tener una verdadera relación con Jesús, aquel que murió en la cruz del calvario.

El que fue despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto, y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. (Isaías 53:1-6).

Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

Reflexionemos, estas fechas son para buscar Jesús. Y no olvidar el sacrificio de la cruz.

*Catedrático de la Universidad Francisco Gavidia. Colaborador de El Diario de Hoy.

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