Unidad de vida

Celebramos hoy la Resurrección de Cristo, su triunfo sobre la muerte, que hizo decir a San Pablo: "Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe", promesa de nuestra futura resurrección, el premio merecido por los méritos de nuestros actos en esta tierra, tras haber acompañado a Cristo en su Pasión y en su Cruz, con verdadero dolor y propósitos de mejora.

Lamentablemente, para muchos, la reciente Semana Santa fue una simple manifestación de sentimentalismo, reflejado en actos externos, producto de la costumbre y que fuera de formar parte de nuestras bellísimas tradiciones, hacen poco impacto espiritual pues no suponen un verdadero cambio de vida.

Precisamente, la eterna campaña política, nos presenta imágenes de candidatos pseudocátólicos, iluminados y piadosos, usando la religión como un medio para ganar votos. En Venezuela, Nicolás Maduro, atribuyó el nombramiento del Papa Francisco, a la intervención de Hugo Chávez en el cielo. Localmente, el momento ha sido propicio para que los partidos usen a Monseñor Romero, para declarar su religiosidad en la Semana Santa, olvidando la seria advertencia de Juan Pablo II, en su última visita a nuestra tierra, de no politizar su figura, sino más bien rezar por él. Y como todos recordamos que desde sus inicios, el FMLN ha expresado su admiración por regímenes de orientación marxista, como el de Cuba, como el modelo ideal, es evidente que están encendiendo una candela a Dios y otra al diablo.

Ya hemos visto a muchos candidatos y sus seguidores asistiendo a misas y hasta acercándose a recibir la Sagrada Eucaristía, cuando su vida personal dista mucho de ser ejemplar, y sus planes de gobierno incluyen programas de apoyo al aborto, matrimonio homosexual y eutanasia, totalmente reñidos con la ley natural y las enseñanzas de la Iglesia. Olvidaron la dura advertencia Pablo de Tarso: "Que quien come el Cuerpo del Señor indignamente, se come y bebe su propia condenación".

Lamentablemente, en este gobierno del cambio en que no tiene ninguna importancia la idoneidad de las personas para ser designadas a determinadas funciones, muchas de las cuales exigen un alto nivel cultural, hemos visto con vergüenza, que la selección de quienes ostentan la representación de nuestro país en el extranjero, tanto en cargos diplomáticos, como en misiones especiales, como la reciente Misa de iniciación del pontificado del papa Francisco, no es la más adecuada. Lo que pronto se descubre con las desafortunadas declaraciones que se atreven a emitir, demostrando así su total ignorancia, aunque pretendan revestirlas de una falsa piedad o interés por asuntos de mera competencia eclesiástica, en que los laicos no tienen nada que opinar.

Es una falta de respeto a los creyentes, y tentar a Dios, el usar su nombre para fines políticos, ya que ser católico, no es sólo haber sido bautizado y proclamarse como tal cuando nos conviene. Significa unidad de vida, basada en una formación doctrinal religiosa, acorde con nuestro nivel académico y profesional, y que nuestro comportamiento sea coherente, un reflejo de la fe que profesamos.

Las enseñanzas de Cristo, desde el Portal de Belén hasta el Calvario y su gloriosa resurrección que hoy celebramos, encierran un único mensaje. De amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente, y al prójimo como a nosotros mismos. Y su severo juicio sobre los fariseos, que presumían de ser grandes observantes de la Ley, aunque sus actuaciones distaban mucho de confirmarlo: "Haced lo que ellos os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen". ¡Cuántos fariseos tenemos entre nosotros!

*Columnista de El Diario de Hoy.