Sueños para el Golfo de Fonseca: Unir dos océanos

En 1522, cinco navíos españoles zarparon del Golfo de Panamá. Su piloto, Andrés Niño, al frente de una expedición dirigida por el capitán Gil González Dávila. Su misión, explorar los litorales e islas del Mar del Sur y buscar un canal natural que uniese el Pacífico con el Atlántico.

Los españoles nunca encontraron ese paso interoceánico, pero Andrés Niño encontró el Golfo de Chorotega, bautizándolo Golfo de Fonseca en honor a Fray Juan Rodríguez de Fonseca, Obispo Presidente del Consejo de Indias, personaje muy influyente en la política de colonización de la Corona española.

Niño desembarcó en lo que describió como una "isla redonda y poblada", que los lugareños llamaban Meanguera (ciudad de la jadeíta).

Trescientos años después, norteamericanos y británicos disputaron su influencia en este golfo. En 1849, Ephraim Squier , negoció un tratado para que Estados Unidos construyese un canal artificial a través de Honduras, que uniera el Caribe con el Golfo de Fonseca. Unir dos océanos era su visión. Temiendo que la presencia norteamericana en Honduras desestabilizara los intereses británicos en el Caribe, una flota inglesa ocupó la isla El Tigre.

Sin embargo, los norteamericanos exigieron la licencia británica en base a su tratado. En 1916 Estados Unidos renovó la idea de construir el canal y colocó una base naval en el golfo. Pero el paso se resolvió en Panamá. Desde entonces Honduras, El Salvador y Nicaragua mantuvieron un conflicto limítrofe irresoluble sobre los derechos al golfo, sus islas, explotación, navegación y el acceso de Honduras al Pacífico.

En 1986 Honduras y El Salvador, tras la guerra de 100 horas, sometieron el tema a la Corte Internacional de Justicia (CIJ). En 1989 Nicaragua fue admitida como interviniente, pero sobre el régimen jurídico de las aguas del golfo, que involucra la salida al océano de Honduras. La Corte falló el 11 de septiembre de 1992.

Sobre la frontera terrestre consideró que los segmentos en litigio se definieron en el Tratado de Paz de 1980 y esa era la frontera. Otorgó a Honduras 311,6 km2 y a El Salvador 134,9 km2.

En el litigio de las islas, la posesión efectiva basada en el consentimiento de las Partes fue determinante, ya que los documentos históricos coloniales eran confusos y contradictorios. La práctica posindependencia fue tomada como definitiva. El fallo concedió a El Salvador las islas Meanguera y Meanguerita y a Honduras la isla El Tigre. El proceso no consideró la pequeña isla Conejo.

Sobre el diferendo marítimo que implica derechos de explotación, navegación y el acceso de Honduras al Pacífico, la CIJ confirmó la decisión de la Corte de Justicia Centroamericana, los tres Estados están sometidos a un régimen de condominio o soberanía conjunta. Pero la sentencia no agotó la delimitación de cada aspecto y las Partes deben resolverlo dialogando, negociando.

La isla Conejo y la explotación y navegación del Golfo de Fonseca, así como el acceso al Pacífico para Honduras, han sido estos años las hogueras intermitentes que caldean las aguas del golfo y generan tensión diplomática.

El puerto de La Unión Centroamericana es una infraestructura vinculada a este sueño histórico, hoy frustrado por la incapacidad administrativa concesionaria que llevó a la pérdida de oportunidades ante la modernización reciente del Canal de Panamá y la ausencia de liderazgo regional.

El golfo se visualizó siempre como la puerta grande a un canal interoceánico para el tráfico entre dos océanos. No lograr solucionar diplomática y pacíficamente la soberanía conjunta del golfo, no sólo disuelve el sueño del canal interoceánico, sino también el de la integración.

Ya estamos sintiendo vientos de "guerras comerciales" con cierres de fronteras al comercio de productos claves.

* Colaborador de El Diario de Hoy.

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