Una tradición pintoresca

Si hiciéramos un ranking de los sitios que los salvadoreños gustan de visitar, con seguridad encontraríamos las playas, las montañas, los pueblos coloniales, y el aeropuerto. ¿Cómo? ¿El aeropuerto? Pues sí. Sólo basta darse una pasada por el aeropuerto cualquier día para confirmarlo como uno de los sitios "turísticos" más frecuentados por nuestros compatriotas. La mayoría de personas que se encontrará allí no son viajeros transnacionales, son turistas internos.

Es prácticamente una tradición que para recibir o despedir a alguien se monte toda una expedición de amigos y familiares rumbo al aeropuerto. Por cada viajero se cuenta una docena de acompañantes. Abuelos, primos, vecinos o simples conocidos aprovechan la oportunidad para darse una vuelta y tener las primeras o las últimas impresiones del que viene o se va.

A diferencia de lo que sucede en otros países, donde a las personas se les recibe o despide en la casa, o sólo es acompañado por un familiar; aquí se forma todo un contingente en donde cada uno se afana por ser el primero en ver al viajero o el último en despedirlo. Da la impresión de que si se pudiera lo recibirían en la misma pista de aterrizaje o lo despidieran en las salas de espera a punto de abordar.

Es una costumbre bastante folclórica de los salvadoreños, que puede verse como un gesto de cariño y reconocimiento para los que han decidido hacer su vida lejos del país que los vio nacer. El problema es que con casi tres millones de salvadoreños viviendo en el exterior llegará el momento que las instalaciones del aeropuerto colapsen. En las temporadas altas la situación se puede volver caótica y no quedará espacio para los que realmente tienen algo que hacer en el aeropuerto.

Otro aspecto es que, debido a la delincuencia, conviene ser discreto al venir a visitar el país, y no facilitarles el trabajo a los que sienten atracción por las cosas ajenas. El visitante que llega a su pueblo como en una procesión se convierte en seguida en una presa apetecible para los malandrines de la zona.

Las visitas multitudinarias al aeropuerto son de las costumbres que por razones de espacio, conveniencia y seguridad deben ir modificándose, pero dado el arraigo que tiene, la cosa no será nada fácil. Es algo en lo que deben pensar los que diseñen la modernización del aeropuerto.

Pero, aparte de este rasgo que hace lucir una terminal aérea como un campo de feria, lo más importante es el hecho de que extranjeros y connacionales visiten el país. El Salvador siempre será un lugar mágico que los turistas nunca olvidan, y la patria recordada con nostalgia para los que emigraron.

Una de las características más sobresalientes de los salvadoreños es el calor humano con que se trata a los visitantes. La actitud servicial y el empeño que se pone para hacerles pasar momentos agradables son de las cosas que no se olvidan. Y quedar bien no es difícil por la cantidad de atractivos que el país tiene que ofrecer.

Todo eso está muy bien pues el ser buenos anfitriones es sin duda algo muy positivo. Pero, con el perdón de los que gustan de las peregrinaciones a Comalapa, tampoco es cosa de llegar a extremos y hacer sentir a los visitantes que los estimamos tanto que los queremos ver desde la primera hasta la última fracción de segundo.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.