Francisco, pastor

El Papa Francisco no es un hombre de medios de comunicación. Siempre ha mantenido una reticencia para las entrevistas, las cámaras y las grabadoras de los comunicadores Tenemos sólo tres días de conocerlo, y todos --católicos y no católicos-- esperamos mucho de él. No por ser quien es, sino por ser el que es: el Papa. Sin embargo, si sabemos un poco más acerca de Jorge Miguel Bergoglio, quizá nos haremos una mejor idea de Francisco, y pondremos más atención a lo que nos diga, y podremos tener algunas claves de interpretación de sus actuaciones.

El Papa Francisco no es un hombre de medios de comunicación. Siempre ha mantenido una reticencia para las entrevistas, las cámaras y las grabadoras de los comunicadores. Sin embargo, hace tres años, dos periodistas argentinos lo convencieron para que los recibiera, con la finalidad de escribir un libro acerca de su pensamiento, así nació "El jesuita. Conversaciones con el cardenal Jorge Bergoglio".

En el libro se define primordialmente como pastor. Pero no un pastor que permanece en el aprisco, sino uno que sale al encuentro de la gente. En uno de los pasajes más interesantes habla, por ejemplo, de la tendencia de muchas parroquias que se conforman con permanecer encerradas en su comunidad, y describe lo que se debería hacer, echando mano de una imagen evangélica, aquella de narra sobre el pastor que tenía 99 ovejas en el corral y una perdida. "Hoy --dice-- tenemos una en el corral y 99 que no vamos a buscar…".

Pero no se trata de "encerrar" a las ovejas a buen seguro, sino de fortalecerlas para que --como laicos que son-- cumplan su misión. Mejor leámosle directamente: "hay un problema, lo dije otras veces: la tentación de la clericalización. Los curas tendemos a clericalizar a los laicos. No nos damos cuenta pero es como contagiar lo nuestro. Y los laicos --no todos, pero muchos-- nos piden de rodillas que los clericalicemos porque es más cómodo ser monaguillo que protagonista".

Pero entonces ¿cuál es, según el Papa Francisco, la misión del laico, la de usted y la mía?: "tiene que vivir como laico la fuerza del bautismo, lo cual lo habilita para ser fermento del amor de Dios en la misma sociedad, para crear y sembrar esperanza, para proclamar la fe, no desde un púlpito, sino desde su vida cotidiana. Y llevando su cruz diaria como la llevamos todos. La del laico, no la del cura. La del cura que la lleve el cura, que bastante hombro le dio Dios para eso".

Después de la manera en que se presentó el miércoles ante la multitud que lo aclamaba: inclinándose para suplicar oraciones y haciendo referencia a su labor de pastor, de Obispo, uno se pudo hacer una idea de su talante humilde, y como tal, sincero. Como cuando declaraba hace un par de años: "no tengo todas las respuestas. Ni tampoco todas las preguntas. Siempre me planteo más preguntas. Pero las respuestas hay que ir elaborándolas frente a las distintas situaciones, y también esperándolas".

Su pensamiento, por lo demás, tiene calado, como cuando decía "sí, las instituciones eclesiásticas se han entendido más con la categoría ´verdad´ y no con las de ´bondad´ y `belleza`. La comunicación supone las tres. Comunicarse supone decir una cosa que uno entiende es verdad, decirla con bondad y con belleza".

No sólo lo dice, lo practica: aquí radica la fuerza de su gesto al inclinarse ante la gente para solicitar sus oraciones, en la elegancia de quien tiene mucha fuerza, mucho poder (la fuerza de Dios, el poder de Dios), pero lo pone al servicio de los demás, convencido de que él, como reza su escudo episcopal, es sólo alguien de quien Dios "tuvo misericordia, y lo eligió", para pastorear un rebaño más grande: toda la Iglesia.

*Columnista de El Diario de Hoy.

carlos@mayora.org

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